Por la cruzada social que han anunciado varias organizaciones, el Gobierno tendrá que hacer filigrana sobre el consenso que procura para la reforma fiscal. Hasta sindicalistas que se han comportado como sus aliados forman parte de los grupos que organizan movilizaciones contra el parquete impositivo. Por la diversidad todo indica que resulta cuesta arriba impedir que las organizaciones sindicales, populares, de choferes y otras tomen las calles en protesta contra los nuevos impuestos. El Gobierno se propone convocar el sector empresarial y a legisladores del partido oficial para consensuar el proyecto impositivo. Pero la reacción de los grupos populares evidencia que será difícil arribar a un acuerdo que aglutine a todos los sectores sociales. Los torrenciales aguaceros no evitarán que los grupos se manifiesten. Las contradicciones en que han entrado las autoridades se han visto como un punto de debilidad. En principio se dijo que la reforma era para destinar más recursos a la educación, pero luego se admitió que era para salvar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en vista del déficit fiscal que se arrastra.
