Las pensiones inmerecidas, como las que se dice gestionan regidores de Santiago, son un privilegio que la nación no se puede permitir. Bajo ninguna circunstancia personas sin los méritos correspondientes deben ser subsidiadas por el contribuyente. Sería un crimen que el Ayuntamiento de Santiago pensionara con 50 mil pesos mensuales a regidores actuales y personal administrativo única y exclusivamente porque a partir del 16 de agosto no seguirán en sus funciones. Si se entiende que han desempeñado su labor con eficiencia bien merecían ser reconocidos con un pergamino. Con razón diferentes sectores se han opuesto a las irritantes ambiciones de los regidores y otros servidores del Ayuntamiento santiagués. El síndico José Enrique Sued no debe ceder a presiones para beneficiar a nadie en particular con subvención a la que no tenga derecho. Con cargo al contribuyente en este país está el pensionado al pecho, incluyendo jóvenes y muchos que no han prestado el menor servicio al Estado ni a la patria. Lo ideal sería que esa práctica se revisara. Mientras, hay que esperar que no prospere la iniciativa de que se ha dado cuenta en Santiago.
