Página Dos

Cójanlo

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La epidemia de la violencia de género, que tanto luto, dolor y dispersión familiar ha causado, no deja de sonar la alarma con nuevos casos como los ocurridos el martes en Villa Mella cuando un comerciante y chofer de guagua mató a su esposa, otra señora y luego se suicidó. Por la frecuencia, los feminicidios se han convertido en una rutina que han sumido la sociedad en la impotencia.

Las marchas oficiales, exhortaciones, condenas ni ningún otro medio a que han recurrido las autoridades han impedido que más mujeres pierdan la vida a manos de su pareja o expareja. Casi siempre, como acaba de ocurrir ahora, dejando niños huérfanos de padre y madre. 

Porfirio Bueno Peralta, quien se suicidó después de matar a su esposa Mercedes Benítez Brito, había procreado tres hijos con ésta. La otra víctima, Alejandrina Aquino, también dejó tres niños huérfanos. Los casos son para que las autoridades piensen en una política eficaz sobre una violencia no únicamente pasional, sino con raíces económicas, culturales y educativas, entre otros factores. Los feminicidios ocurridos en lo que va de año son tantos que la cuenta se ha perdido.

El Nacional

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