El derrame de petróleo en el golfo de México tiene al presidente Barack Obama con los nervios de punta, pero la catástrofe ecológica no le ha quitado el sueño ni modificado el principesco estilo de vida de ejecutivos de la empresa que causó el colosal desastre. Mientras el golfo arde y Obama reclama resarcir los daños ambientales, al menos el consejero delegado de la British Petroleum, Tony Hayward, se embarcó en una regata en su lujoso yate con toda su familia. Como un desafío y una burla tomó la decisión menos de 48 horas después de que el Congreso de Estados Unidos lo pusiera contra la pared por su responsabilidad en torno al desastre ambiental. Los 100 mil barriles diarios de petróleo, no 60 mil, no es problema suyo, sino de Estados Unidos y los demás países que sufren las consecuencias. Ese ha sido su razonamiento al optar por una competencia deportiva en lugar de explorar una fórmula para enfrentar uno de los mayores desastres ambientales de los últimos tiempos. Al menos Obama, que ha insistido en que la British tendrá que pagar los millonarios daños, no ha ocultado su indignación frente a la burla.
