Obama e Irán
El presidente Barack Obama se ha ganado el respaldo de los republicanos al condenar, no los disturbios, sino la supuesta represión en Irán. Parece que el gobernante estadounidense entiende que el Gobierno iraní debe cruzarse de brazos ante la suspicaz insubordinación contra el orden institucional y la violencia de la oposición. Antes que convocar a la sensatez, Obama, a contrapelo de su discurso, ha hecho causa común con los sectores que fomentan la anarquía en la nación islámica.
El Consejo de Guardianes, el organismo que organizó y fiscalizó las elecciones, volvió a descartar la anulación de los comicios sobre la base de supuestas irregularidades denunciadas por la oposición. El Gobierno iraní sostiene que Estados Unidos y el Reino Unido están detrás de las protestas, que a la fecha han dejado más de 20 muertos. Por lo menos se sabe que el presidente Ahmadineyad no es santo de la devoción de las dos potencias occidentales. Obama no ha disimulado su preferencia en el conflicto con una intervención claramente parcializada. La oposición todavía no ha presentado las pruebas del que se habría cometido en los comicios.
