Página Dos

Cójanlo

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Nadie diría que una figura de la dimensión del expresidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, podría ser tocado ni con el pétalo de una rosa. Pero en una muestra de independencia, que en gran medida explica el desarrollo de esa nación, para la justicia brasileña no hay vacas sagradas. Llámese como se llame y sin importar la popularidad e influencia política. Fiscales pidieron a la Policía investigar por primera vez acusaciones de corrupción que involucran a Lula da Silva.

El empresario publicitario Marcos Valerio Fernandes de Souza, condenado a 40 años de prisión por corrupción, dijo que el exgobernante había participado en el supuesto traspaso ilegal de recursos de la firma Portugal Telecom al oficialista Partido de los Trabajadores, para sobornar legisladores y comprar opositores. Con su partido en el poder, los logros en materia económica y contra la pobreza que se reconocen a su gestión, además de su respeto en la región, nadie suponía que un político de la dimensión de Lula da Silva podría ser investigado por imputaciones de corrupción. Pero la Fiscalía de Brasil entiende que sólo la igualdad ante la ley garantiza la seguridad jurídica.

El Nacional

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