Los cadáveres de dos jóvenes encontrados dentro de una yipeta en La Laguna, La Vega, y el asesinato de un teniente del Ejército por un encapuchado en Los Guaricanos, Villa Mella, no serán de los crímenes más aterradores de estos días. Pero no se puede negar que las muertes de Ramón Jiménez Pichardo, de 21 años, de Ramón Eduardo Sánchez Almonte, de 17 y del teniente Alberto Sánchez Cabrera crean más incertidumbre en una atmósfera perturbadora. Los dos primeros casos han sido relacionados con el narcotráfico y el segundo con la criminalidad que, por una razón u otra, ha segado varias vidas. Los cadáveres de los dos jóvenes presentan heridas de bala y por las características se presume que fueron ejecutados. Los cuerpos estaban dentro de una yipeta Montero, color rojo. No son dos ni tres los crímenes relacionados con el narco que ocurren en el país, pero tampoco con la violencia callejera que tiene en ascuas a la población. Los tres crímenes representan otro desafío para la Policía en cuanto a aclararlos. Pero también para las autoridades en materia de combatir las causas de la encrespada ola de violencia.
