La decisión de una jueza federal de New Haven, Connecticut, que desechó procesar a un estadounidense acusado de pedofilia en Haití, ha sacado a relucir la odisea sufrida por el cotizado cineasta Roman Polansky. Estados Unidos apeló, sin éxito, a todos los recursos jurídicos con el propósito de extraditarlo desde Suiza para juzgarlo por la violación de una menor ocurrida hace 36 años, sin reparar siquiera en que ésta había desistido de la acusación. Sin embargo, en el caso de Douglas Perlitz, acusado de abusar sexualmente de unos 18 niños en una escuela de Haití y quien ni siquiera está detenido, la Justicia estadounidense ha encontrado pretextos para desechar el proceso. Los testimonios dan cuenta de que el estadounidense seducía a niños de una escuela de Cabo Haitiano bajo promesa de albergue, comida y otros artículos. Pero la jueza Janet Bond Arterton pudo encontrar un subterfugio para evitar a Estados Unidos la vergüenza del proceso contra el violador de niños en Haití. Nada menos que la típica doble moral, pues hasta que Suiza decidió liberarlo, Polansky tuvo que permanecer seis meses en prisión por un delito que incluso había pagado.
