Opinión

Colón el infortunado

Colón el infortunado

De muy pocos personajes de la Historia se han ocupado tanto como de Cristóbal Colón. Durante siglos se le han rendido incontables homenajes al hombre que quiso unir a Europa con Asia, obsesionado como estaba por la redondez de la Tierra. Murió no solo sin saber que tenía razón, sino que había completado el mapa del mundo.

 Realizador de una de las más portentosas aventuras de todos los tiempos, se le puede calificar, sin embargo, como el Gran Infortunado. Sobre este infortunio se apoyó Jean Descola para escribir «El Infortunado Descubridor del Mundo», obra en la cual el historiador  muestra de modo certero la mala suerte que persiguió  al insigne  genovés.

 El último capítulo del libro es mortificante: «Muerto Cristo Colón, se Descubre América». Traviesas circunstancias se anudaron para jugarle una mala trastada e inmortalizar de paso a un oscuro florentino llamado Américo Vespucio, cuyo nombre es colocado por los hados en las ciclópeas espaldas del Mundus Novus, arrebatándole al Almirante su mayor timbre de gloria.

 Descola nos dice que Cristóbal Colón nació bajo el signo de la fatalidad. Nos invita a recordar que estuvo a punto -un grado más al Norte- de llegar a la Florida; que estuvo a punto -le hubiera bastado seguir el curso del Orinoco- de penetrar en el corazón de América del Sur; que estuvo a punto -no tenía más que cruzar el istmo de Panamá- para descubrir las dos Américas y forzar las puertas del Pacífico. Pero su mala suerte no le permitió salir de un puñado de islas del Mar Caribe, complaciéndose en sembrar en su ánimo el error que se llevó a la Eternidad.

 Su mala suerte radicó también en enemistarse con Martín Alonso Pinzón, quien por malicia o descuido se le adelantó en las Antillas, robándole de paso el honor de descubrir la isla de Santo Domingo. ¡Pobre Colón, rechazado por la superstición y la ingratitud de su propio mundo!

El Nacional

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