Opinión

Como a nosotros mismos

Como a nosotros mismos

El mes de diciembre ha vuelto puntual, acompañado de sus cielos diáfanos y sus brisas frescas. Esta Navidad, como las de años pasados,  nos llega en tiempos difíciles, y de no ser por el tráfico demente y las luces de colores que iluminan los arbolitos y los balcones, la verdad es que nada nos recuerda al niño que vino a la vida en un humilde pesebre de Belén.

 El envejecido y taciturno personaje novelesco de Gabriel García Márquez en “Memoria de mis putas tristes”, reveló que “Si algo detesto en este mundo son las fiestas obligatorias, en que la gente llora porque está alegre, los fuegos de artificio, los villancicos lelos y las guirnaldas de papel crespón que nada tienen que ver con un niño que nació hace dos mil quinientos años en una caballeriza indigente”.

 Aquel sujeto que insistía en llevar un registro con el nombre y edad de las mujeres con que se había acostado, tenía razón al cuestionar la relación entre las Pascuas y algunas de sus tradiciones. Sea como fuere, esta temporada vuelve a presentársenos con sus reiteradas escenas de pobres que nada tienen y de ricos que lo tienen todo, expresión de la propia naturaleza humana, marcada por desigualdades impuestas por el destino que a lo largo de la vida nos ha sujetado a los vaivenes de sus antojos.

 Mañana celebraremos la Nochebuena, al día siguiente el advenimiento de Jesús, y más adelante, al toque de las doce y entre repiques de campana y descargas de pólvora, la llegada del 2010. Unos se pasean felices en estos días, en tanto que otros los ven pasar resignados y sin esperanza, preguntándose tal vez cómo el niño nacido del vientre divino para predicar amor en este mundo egoísta, no ha logrado todavía que queramos al prójimo como a nosotros mismos. 

El Nacional

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