Cuando pienso en Altagracia Paulino, me embarga la seguridad de que existen personas dignas de ser servidoras públicas, en toda la compleja red de factores que limitan el ejercicio de una función estatal de cara a la gente.
Esta mujer, que no gusta a todo el mundo, que no vacila ante el poder económico o político de nadie o de nada, se ha ce2ntrado en unas funciones delicadas, necesarias e importantes de cara al publico, al asumir la Dirección del Instituto de Defensa del Consumidor.
Pero llego allí no para ocupar un espacio. No para justificar un salario con nivel ministerial y asistir a muchos actos sociales y públicos con el boato que da el poder y sus alquimias tan circunstanciales como vanas.
Paulino es una luchadora de más de 35 anos por los derechos del consumidor, muchas veces financiando con sus magros recursos personales, las acciones y campanas en las que se ha involucrado, procurando, sobre la base del amor a los derechos de todos y todas, la forma de garantizar unos derechos tan violados cotidianamente que ni los propios consumidores teníamos conciencia de lo que se trataba.
El frente de su programa de televisión Con el Consumidor, que difunde hace mas de 15 anos Telesistema, con el impulso a organizaciones privadas, con su estimulo y asesoría a la Ley de Protección de los Consumidores sin ser funcionaria ni recibir beneficio alguno Altagracia Paulino se ha ganado el respeto de la gente.
Desde ProConsumidor ha tenido que chocar, como era lógico y esperable, con todo tipo de intereses. Y ha echado todos los pleitos necesarios: productos vencidos en los supermercados, los abusos y atracos silenciosos con la venta del gas propano en las bombas alteradas, la venta de productos peligrosos (plomerito y otros), el lio con el cemento proveniente de Jamaica y que se pretendió entrar al país sin la certificación que la ley impone por parte del Ministerio de Obras Publicas, por solo citar algunos.
Obsérvese que todos los pleitos y confrontaciones, ella ha estado del lado de los usuarios y usuarias.
