Opinión

Como cada  Domingo   

Como cada  Domingo   

Ahora que han pasado los días de su deceso, que ha bajado la marea emotiva por su partida, me permito referirme a la muerte del ex presidente Salvador Jorge Blanco, la cual ha servido para hacer conciencia del verdadero papel que cumplió este hombre, de sus iniciativas por la reafirmación de la democracia y de las condiciones difíciles políticas a que fue sometido, que le generaron tanto a él como a su partido, una imagen marcada.

Se ha abundado de su excelencia como catedrático de Derecho en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, la cual formó a muchos de los más destacados a abogados talentosos que se lucen en los tribunales de la República.

Se ha comentado su participación crucial en la Ley de Amnistía General, que puso fin a uno de los más oscuros capítulos de la historia política, de manos de cuanto fue el sangriento y represivo período de doce años de Joaquín Balaguer, que se destacó además por la persecución contra Jorge Blanco, al que llevó a la humillación del enrejado político.

Sin embargo, hay un aspecto que poca gente conoció de Salvador Jorge Blanco: el de padre de dos hijos que han sabido, cada cual a su modo, de reivindicar su herencia.

Orlando y Dilia Leticia son hoy dignos expositores profesionales, cada cual en su área, ejerciendo valores que aprendieron de su figura paterna.

Esos dos hijos son producto de una formación y una ética familiar que aprendieron a lo largo de los años.

No pude estar con ellos físicamente durante las exequias de su Padre. Yo los acompañé a la distancia prudente que evita acercarse para pedirle “conformidad” a seres a los que no se les puede pedir nada en esa circunstancia.

Orlando seguirá el camino de la política, tratando de convertir su partido en opción de poder.

Dilia Leticia ha consagrado su vida a la lucha por los derechos de la niñez y la juventud, íntegra y decidida a dar lo necesario para ver ese ideal cristalizado.

En ambos, el amor de padre se continuará manifestando, con cada acción de ellos, sus hijos que llorarán la pérdida irreparable y que es parte de un proceso cíclico de la vida, invariable e inevitable para todo ser vivo.

Jorge Blanco, el padre, seguirá dando su ejemplo, por medio de sus dos hijos.

El Nacional

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