El gran dolor de los haitianos
Hoy me permito presentar unas reflexiones de una joven dominicana, una psicologa y mujer que muchas veces me sorprende con la capacidad para ver hondamente con su vision singular.
Es Cristabel Sosa, mi hija
Anoche, como me ocurre muchas veces mientras trato de conciliar el sueño, pensaba en el propósito que ha tenido lo que pasado en Haití, y aunque encontrarle respuesta a eso en medio del todo caos y el dolor es casi un irrespeto u osadía de aquellos que estamos en nuestra comodidad varios pensamientos me consolaban a nivel muy personal
Siempre me ha molestado los prejuicios y el maltrato social que le damos a los haitianos, ya sea de manera explicita o implícita. Por alguna razón, creemos que ellos son menos importantes que nosotros los dominicanos, que no merecen una educación o casarse con una chica dominicana, o tener un buen trabajo.
Se les ha acusado de ofrecer culto al diablo cuando se nos olvida que solo interpretamos una cultura, una identidad religiosa que a ellos les hace feliz- y de oler mal cuando nos olvidamos que si nosotros estuviésemos trabajando en el tetero de sol construyendo un edificio, vendiendo skim ice y viviendo en un batey con las limitaciones de agua y otros básicos, también oliéramos mal el negro detrás de la oreja lo tenemos todos. Incluso en este tiempo se les acusa de saquear un almacén de comida, ni siquiera entendemos la magnitud de estar en medio de un desastre, sin agua, sin comida, sin sanitarios, casi sin esperanza.
Si alguien me preguntase, que de bueno puede tener esta experiencia, yo diría quizás prematuramente- que nos ha recordado que al final todos y todas estamos en una misma isla, y que ellos no son solo haitianos, sino hermanos y hermanas de la isla un vocabulario fantasma antes de la tragedia. Porque sabemos que esto nos pudo pasar a nosotros.
Unas coordenadas al este, y hoy no sabemos si esa madre que despedimos antes de ir al trabajo, la hubiésemos vuelto a ver o si estuviéramos con vida, si hoy la desesperación y el pánico estuviera inundando la más íntima célula de nuestro organismos, en búsqueda de seres queridos, mi hijo/a, mi padre/mi madre, mis amigos/as . qué sería del pueblo dominicano .
Porque muchas personas antes de juzgar o maltratar un haitiano, reconsiderarán.

