Y con su partida, se queda en quien nos conocimos, más que el vacio de la ausencia, la validez de su obra y la perennidad de su poesia, lastimeramente indescubierta para las juventudes de ahora, más proclives al merengue sin letra y al carrito rojo de carrera que a las versiones de validez que ofrece la auténtica literaturas.
Angela Hernández Nuñez, escribió unas notas, hace un año, unas notas sobre Villagas, de las cuales tomamos, en parte para reconocer la inmensidad de esa sonrisa eternamente infantil que iluminaba el rostro del vate.
Expresó Víctor Villegas en oportunidad en que recibió, de manos del Doctor Leonel Fernández Reyna La condecoración con la Orden de los Padres de la Patria, el máximo galardón que entrega el Estado y el Gobierno dominicano a una figura pública.[1]
La poesía, ese amor caliente entre mis venas, ha sido concebida por Don Víctor, /junto al arte/ como una suerte de ciencia del espíritu, forma de indagación singular de la realidad que contacta sus males, sus estancamientos, para exponerlos y transformar la realidad /curarla/.
Los materiales con los que el poeta construye su obra son, pues, los de la vida, lo individual y lo colectivo (incluso las refregones entre ambos), el amor, la política, los deseos, la crítica social, el tiempo Pero sobresalen como motivos constantes la visión del amor y la exposición crítica de la realidad social[2]. (incluso la que atañe a la mujer /recordemos Martina/. Dice Lupo Hernández Rueda que, la poesía de amor de Villegas es una espera jubilosa de la amada. Esta, con su desamor, hace crecer el árbol de la dicha. Ella es la espiga que levanta al poeta, la espiga que lo mantiene vivo frente a la oscura bestia de su ambiente vi Tal vez la más precisa definición de la poesía de Víctor Villegas sea la ofrecida por Alberto Baeza Flores:
En ella resuena el mundo caribeño, los perfumes, olores, esencias y prresencias invisibles, siempre inefables, del espacio mítico antillano. Es original, distinta, orquestal y cruzada por imágines como certeza, adivinaciones y definiciones vitales[3]
. El poeta nos convida a acercarnos a su poesía, que es aproximarnos al hombre en su nexo con toda la humanidad, al lenguaje y sus vivas formas.
Si no vienes a mí, descalzo,
a mi palabra, a abrir su sospechoso
Ojo y su cautela
¡cuán corta habrá de ser
el júbilo del ave
en mi garganta!
Y también, desbroza, exhorta, discierne:
Sí, bienaventurados los que encontraron
Una luz partida y la recogieron
Para la corona de un niño,
Lo que pudieron descifrar
El vuelo de los pájaros
Bienaventurados los sordos al reclamo
Del mal,
Los ciegos ante el oro y la falsa
Algarabía
Bienaventurados los anónimos caídos,
Los que no vieron nunca lentejas
Ni vajillas
Ni encontraron colchones
De espumas y de sueños;

