Es mucho lo que el presente gobierno ha publicitado el supuesto éxito en la macroeconomía, pero sólo una de las variables, la tasa de cambio, ha mantenido relativa estabilidad, debido a la enorme cantidad de empréstitos, en dólares y euros, de los organismos multilaterales y de los países desarrollados.
Ahí radica que la divisa norteamericana se cotice hoy aproximadamente al 38 por uno. No descansa en un superávit en el intercambio comercial, contrariamente la cuenta corriente de la balanza de pagos ha cerrado con un déficit superior a los 4 mil millones de dólares en los últimos tres años.
No hay tal estabilidad macroeconómica, con una tasa de inflación que podría alcanzar los tres dígitos al terminar el año, debido a las alzas regulares de los carburantes, la energía eléctrica y la gran cantidad de impuestos que afectan bienes y servicios de alto consumo.
La tasa de interés bancaria es incrementada frecuentemente, llevando preocupación a los sectores productivos, porque impiden ofertar precios competitivos, bajan las ventas, en ocasiones las empresas operan con déficit, quiebran y aumenta la tasa de desempleos y, por ende, la de pobreza.
El gobierno del presidente Fernández sólo podría mostrar como logro la relativa estabilidad en el precio del dólar, pero ¿en qué se ha beneficiado la población de esa oferta, si los precios de productos y servicios son tres y cuatro veces superiores a los hallados en el 2004?
Los gobiernistas no pueden hablar de retroceso al evaluar un eventual triunfo del PRD, sin antes explicar la forma en que se ha invertido el dinero por concepto de préstamos externos y lo inherente al 60% que Venezuela financia de la factura petrolera. ¿Dónde están los cuartos? El debate electoral, también, debía de focalizarse en comparar los precios y el nivel de vida de la gente en los dos gobiernos.

