El PLD y el presidente Leonel Fernández se encuentran, evidentemente, atiborrados de poder. Sin embargo, están llamados a sortear las más delicadas pruebas.
No es tarea fácil escoger una nueva Junta Central Electoral, crear los tribunales Electoral y Constitucional que manda la Constitución de la República, renovar el Consejo Nacional de la Magistratura y elegir los miembros de la Cámara de Cuentas.
Las serias dificultades a que se abocan no estriba en los procedimientos. Más bien en la capacidad, ecuanimidad e integridad que puedan guardar a la hora de seleccionar a los hombres y mujeres para estos organismos.
Las amplias prerrogativas que disfrutan el Presidente y el PLD pueden revertirse en desventajas, conforme el desempeño que ahora observen.
Abusar de tales privilegios sería lo menos inteligente y sensato que les pueda ocurrir, lo cual no es descartable, dadas las presiones partidistas y el envilecimiento que trae consigo el uso prolongado y excesivo del poder.
Gravemente cuestionados por la falta de pulcritud y prudencia en el manejo de los fondos públicos, tienen la oportunidad de acercarse a los grupos de presión y la sociedad civil, para las consultas necesarias de donde se obtengan las personas idóneas para llenar esas vacantes.
Actuar de espalda a los demás partidos políticos y a la sociedad, sería el peor error político que puedan cometer el presidente y el PLD.
Desbordaría la insatisfacción colectiva por la inflación y las precariedades en los servicios básicos. Y perdería la oportunidad de compartir responsabilidades con la oposición y con otros sectores.
Pero no nos llamemos a engaño ni esperemos mucho de un partido que, apartado de sus orígenes, perdió la cordura y se apartó de los objetivos que le dieron sustancia.
