En la primera etapa de una relación amorosa cada uno de los enamorados tiende a adjudicar al otro características que lo aproximan a la perfección y ambos atribuyen a su relación, la capacidad de proporcionar la felicidad plena.
Cuando con el correr del tiempo se hacen evidentes las limitaciones tanto personales como situacionales y por tanto no se cumplen las expectativas que cada uno esperaba del otro, surge el desencanto y frustración, según explica la terapeuta Irene García, psicóloga clínica y psicoterapeuta individual y de parejas.
La profesional del Centro Vida y Familia agrega que la interpretación recurre con frecuencia a la tergiversación de los mensajes del otro en el sentido de confirmar hipótesis personales de desamor, egoísmo, indiferencia e inclusive intención de ataque por parte del cónyuge. Estas dificultades, si son tempranamente detectadas pueden ser generalmente resueltas de manera relativamente fácil. Sin embargo, cuando se producen reiteradamente en el curso de un largo tiempo de vida en común, tienden a socavar el fundamento de una relación sana y feliz.
No obstante, aun en este último caso vale la pena, siempre que no nos encontremos en presencia de una profunda incompatibilidad o un comportamiento netamente abusivo en una u otra dirección, evaluar los recursos personales e interactivos de la pareja en función de un pronóstico de recuperación, explicó.
Lo ideal es establecer una relación basada en la certeza de que la comunicación clara, la solidaridad y el apoyo mutuos en la búsqueda de objetivos comunes constituyen garantes mucho más confiables de una convivencia feliz que el embeleso y la dependencia afectiva de la primera etapa, concluyó la terapeuta.

