Con sorpresa, pero sin por ello perder significación, la República Dominicana desenreda el chantaje taiwanés.
Con muchas promesas de ayuda al desarrollo -durante años- a Taiwán su diplomacia salía muy barata. Sin embargo, otra es la cara de esa ayuda al desarrollo en la región: contribuir a la corrupción política.
Hacía promesas públicas de asistencias al desarrollo, pero las mismas llegaban a cuentagotas. Para Taiwán es más barato sobornar el entorno del poder político que cumplir aquellas promesas de asistencia al desarrollo. Y eso lo hizo rutina.
Tanto en El Salvador como en Costa Rica hay varios ejemplos públicos y judicializados “de esa práctica diplomática” taiwanesa.
La decisión tomada por el gobierno dominicano es muy importante y tiene amplias implicaciones económicas, diplomáticas y geopolíticas. Es obvio que la doctrina Monroe vuelve al tapete en los grupos ultraconservadores estadounidenses, grupos que anclan con mucho poder en la administración actual de esa nación.
Asumir esa decisión –antes de que tome más auge el fanatismo conlleva aquella doctrina- es una acción audaz de la diplomacia dominicana.
Desde la perspectiva económica, sabemos que China –desde hace una década- identificó proyectos de inversión en infraestructuras muy importantes para el desarrollo del país. Sin embargo, las facilidades de financiamientos otorgadas por Brasil enfriaron a los gobiernos dominicanos respecto a esa decisión crucial.
Está muy documentado que China Popular canaliza más financiamiento al desarrollo que el Banco Mundial. Nadie puede ignorar esa realidad. Tampoco es posible ignorar que es el segundo socio comercial del país.
Si bien es cierto tenemos un enorme déficit comercial con China y que no tenemos base productiva fuerte para compensarlo en el corto plazo, hay mecanismos para reducir esa relación comercial desigual.
Uno de esos mecanismos es atraer capitales chinos de largo plazo, mediante financiamiento a infraestructuras. Y otro mecanismo es atraer turistas chinos, aunque el sistema de hoteles del país deberá hacer ajustes. China emite unos 110 millones de turistas al año.
El actual régimen de visa debería entrar en revisión.
De esa manera tenemos mecanismos disponibles para modificar el cuadro actual de la balanza de pagos respecto a China, si trabajamos con inteligencia. Sólo tenemos que trabajar las cuentas de capitales y de servicios para buscar reducir la brecha en la balanza comercial.
Hay proyectos cruciales para el desarrollo del país –como reducir las distancias entre las 4 regiones geográficas nuestras- que China pudiera contribuir a ejecutar: China Popular tiene dos cosas importantes. Una es la tecnología y la otra es la posibilidad de financiar esos proyectos.

