Opinión

Concentración

Concentración

Tres provincias concentran el 90 por ciento del Producto Interno Bruto [PIB], en cuatro se agrupa casi la totalidad de los parques industriales, cinco manejan siete de cada diez pesos depositados en la banca nacional, y entre los habitantes de las seis grandes ciudades de este país se deciden las elecciones generales, debido a que contienen el 66% de los votantes. Independientemente, por supuesto, de la voluntad, necesidades y aspiraciones de la parte restante.

Estamos antes una concentración de capital propiciadora de un estado de fuerza y de poder que elimina las posibilidades del estado de derecho en el que se basan los regímenes democráticos. Siendo así, estamos inmersos en un sistema fantasioso, carente de los fundamentos que le dan permanencia. No encuentra un sustento real  un sistema basado en la desigualdad.

Para que el proyecto de nación que procuramos sea posible, es necesario que todas las fuerzas actúen  en sentido contrario a lo establecido. Sobre todo si carece de los elementos que propenden a una auténtica justicia social. Ni los partidos, ni el aparato productivo, mucho menos el financiero y mercantil, tienen garantizada su permanencia y crecimiento en sistemas tan injustos e inhumanos como el prevaleciente en nuestro país. Sus potencialidades dependen de una amplia participación. En una sociedad, excluyente y viciada como esta,  donde pocos se reparten el pastel, los mercados operan de manera limitada y restringida.

El capital se expande donde una masa de consumidores crece y se desarrolla. El cuadro económico y político que nos  presentan las estadísticas dista de ser el ideal que necesita la inversión privada y un liderazgo político sano y vigoroso. Apostar e insistir en un estado de poder, amorfo y descompuesto, es encaminarse a la ruina del orden establecido. Forzar una revolución inevitable, latente ahora en las manifestaciones de protestas escenificadas durante estos últimos días.

Que estas expresiones no hayan sido aprovechadas por un liderazgo firme, competente y visionario, no significa que vayan a diluirse. Más bien, representan la antesala del esperado  liderazgo político y empresarial capaz de asimilar y asumir el papel que les corresponde. Cada época pare sus grandes hombres, y esta parece ya estar encubando los suyos. Traen nuevas ideas, revolucionarias y necesarias para hacer los cambios que el país necesita dentro de un verdadero proyecto de nación, amplio, justo y participativo.

El Nacional

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