Recientemente llegó a feliz término el segundo concurso epistolar para servidores públicos, organizado y auspiciado por el Instituto Nacional de Administración Pública (INAP).
Allí quedó evidentemente comprobado que no todo está perdido en la administración pública, y que la percepción de que no vale la pena trabajar como servidor público, sólo existe en una minoría dentro de la sociedad dominicana.
Definitivamente, existen empleados públicos con alta vocación de servicio. Son servidores humildes y honestos, formados y capacitados; defensores y enamorados de sus puestos de trabajo y de la institución a la cual pertenecen.
Son, además, hombres y mujeres conscientes de que, tanto la profesionalización como la socialización, han de convertirse en herramientas cotidianas para poder alcanzar la eficiencia, calidad y modernidad que tanto requiere la patria, en lo referente al desarrollo y crecimiento integral de todos los empleados gubernamentales.
Con gran entusiasmo, participaron ciento cinco empleados pertenecientes a más de noventa instituciones del Gobierno, resaltando valores y principios, conducta ética, transparencia y trato humano. Se otorgaron premios a los tres primeros lugares y a diez menciones honoríficas.
A modo de ilustración, disfrute el lector del siguiente párrafo de la epístola ganadora del primer lugar: Desde temprana edad, he escuchado a las personas decir que en las instituciones del Estado casi no se trabaja, o que el motivo de los que sirven desde las instituciones públicas es atesorar riquezas no justificables; sin embargo, ahora puedo opinar de manera objetiva pues formo parte de un personal que trabaja de manera incansable para llevar esperanza y desarrollo a los habitantes más pobres de nuestro país, cuya preocupación principal va más allá de los beneficios personales.
Aseguro que el futuro de la administración pública en la República Dominicana está avanzando por un camino bueno, halagador, privilegiado.

