Escucho opiniones en torno al posible desenvolvimiento de la contienda electoral del año 2012, pero es un error formular proyecciones respecto a un panorama indefinido y confuso, por lo que es aconsejable esperar que las organizaciones mayoritarias diseñen su boleta.
Habría que ver cómo evolucionan los acontecimientos. Al momento, se observa una terrible crisis económica, que preocupa a los diferentes segmentos sociales, incluyendo a los empresarios. En medio de esa situación hay quienes insisten en que el presidente de la República buscará la reelección, aunque tenga que superar múltiples escollos.
En el PRD hay un problema planteado entre Hipólito Mejía, cuyo crecimiento es una realidad, y Miguel Vargas Maldonado, quien ha dado muestras de que no transige con la dirección partidaria, pero mucho menos con la candidatura presidencial, por lo que sería difícil, inclusive, la escogencia de una comisión que celebre una convención transparente.
Las dos entidades políticas principales tienen retos difíciles, pero, para bien o para mal, se producirán definiciones y la capacidad de reunificación sería determinante para optar con perspectiva por el poder político. Cualquier división resultaría nociva, sobre todo para quienes abandonen siglas, partiendo de la tradición de que el que se va de un partido grande se queda sin posibilidad.
Esta última tesis, tarde o temprano se hará mito, con el desgaste moral que registran en su imagen las organizaciones denominadas grandes. Además, no ha surgido un líder político carismático, trabajador y que aglutine a las fuerzas dispersas que abogan por un país diferente.
Faltando poco más de un año para los comicios presidenciales, nada se puede descartar. Los acontecimientos evolucionarían y las circunstancias ofrecerían datos dignos de valorar. Por el momento, el panorama político nacional es confuso.

