Siempre he sostenido la tesis de que en el Partido Revolucionario Dominicano el doctor José Francisco Peña Gómez era el único que pensaba en función de partido. Con su partida (y ante la ausencia de un liderazgo nacional) lo que se impone es la búsqueda de consenso entre los socios mayoritarios de esa entidad política.
Por eso pienso que para el 12 de junio, fecha en que se celebraría la convención del PRD, para la renovación de su dirigencia, lo que se impone es un gran acuerdo entre sus líderes principales, escogiendo por consenso al doctor Enmanuel Esquea Guerrero para la presidencia de la organización. Si Peña estuviera vivo, seguro estoy que esta propuesta la hiciera suya, porque como estratega y gran visionario político que era no desaprovecharía la oportunidad de escoger a un profesional de prestigio, de buena imagen pública y verdadero gladiador del escenario político nacional.
Al Miguel Vargas Maldonado le asiste el derecho de aspirar a la presidencia del PRD, pero no debía de obviar jamás que su principal aspiración es a la Presidencia de la República. Aunque lo pierda de vista, a Miguel, como posible futuro candidato, le conviene tener al frente del partido a una figura con el perfil de Esquea Guerrero, al tiempo que daría muestra de equilibrio, como supo hacerlo Peña en sus momentos estelares.
Peña siempre abogó por el consenso y el equilibrio partidario. Cuando Bosch abandonó el PRD, a finales de 1973, Peña apenas tenía 36 años, pero ya era un estratega y llevó a la presidencia del partido a Secundino Gil Morales, considerado como un hombre del ala conservadora del partido.
Cuando Don Antonio Guzmán ganó las primarias de finales de 1977 seleccionó a Jacobo Majluta para la Vicepresidencia de la República, pero Peña no permitió que un solo sector se apoderara del partido, imponiendo inmediatamente a Salvador Jorge Blanco para la candidatura a senador por el Distrito Nacional.
En 1981 Jorge Blanco derrotó a Jacobo en las primarias, pero Peña intervino e impuso a Jacobo para la candidatura senatorial por el Distrito Nacional. Siempre el líder buscaba consenso y equilibrio para llevar unido al PRD a los procesos eleccionarios, que a fin de cuentas era y es lo más importante.
Hoy Peña no está, pero el liderazgo colegiado que tiene el PRD debe seguir su ejemplo, teniendo siempre presente que una misma persona, por la salud de la organización, no puede aspirar a más de una posición, porque da la sensación de que procura el avasallamiento y no pone el mejor ejemplo para el equilibrio que amerita la unidad partidaria.
Algunos lectores podrían interpretar que estoy sugiriendo un acuerdo de aposento. ¡Que se le ponga cualquier etiqueta! Este posible acuerdo podría calificarse hasta de antidemocrático, dependiendo del concepto que se tenga de democracia.
¿Acaso puede calificarse de democrática una convención donde el clientelismo está a la orden del día y compiten un empresario con millones de pesos como Vargas Maldonado, y un profesional liberal como Enmanuel Esquea Guerrero?

