CANBERRA, Australia. AP. La oposición conservadora ganó arrolladoramente el sábado las elecciones de Australia, poniendo fin a seis años de gobierno del Partido Laborista y ganando a una ciudadanía desencantada por el impuesto a las emisiones de carbón, una economía débil y una inestabilidad política tras años de luchas intestinas laboristas.
El primer ministro Kevin Rudd llamó al líder de oposición Tony Abbott para admitir su derrota. Puse todo mi esfuerzo pero no fue suficiente, dijo Rudd a sus copartidarios. Sé que los corazones laboristas están fuertes por toda la nación esta noche y como su primer ministro y como su líder parlamentario del gran Partido Laborista australiano, acepto mi responsabilidad, destacó Rudd.
La victoria de la coalición conservadora encabezada por el Partido Liberal se produce pese a la relativa impopularidad de Abbott, un católico de 55 años y becario Rhodes que ha tenido dificultades de conectarse con las mujeres votantes y que otrora era considerado inelegible, tanto por sus opositores como por sus propios simpatizantes.
Sin embargo, los votantes estaban disgustados con los laboristas y con Rudd, después de seis años de lucha por el poder entre él y su ex colaboradora Julia Gillard. Gillard, que fue la primera mujer en el cargo de primer ministro después de derrotar a Rudd en 2010, terminó perdiendo el cargo ante Rudd tres años después en una especie de golpe partidario.
El drama, combinado con la impopularidad de un impuesto a la contaminación de los usuarios de carbón, fue nefasto para la reelección de los laboristas.
El ex primer ministro laborista Bob Hawke responsabilizó la derrota del partido a su incapacidad de mantenerse unidos.
