Gran consternación ha causado el accidente acaecido ayer en la carretera de La Victoria en el que murieron ocho adolescentes al estrellarse el minibús donde viajaban, contra un poste del tendido eléctrico, tragedia desgarradora causada por la irresponsabilidad de un chofer que viajaba a gran velocidad.
Las víctimas formaban parte de un grupo de jóvenes residentes en el barrio Los Solares, de Villa Mella, que regresaban de una excursión al club campestre de Haras Nacionales, en Santo Domingo Norte, muchos de los cuales asistieron sin consentimiento de sus padres.
Tras el fatal accidente, el conductor y su ayudante huyeron de la dantesca escena, donde menores heridos fueron socorridos y trasladados al hospital Luis Ney Arias Lora. Algunos fueron operados de urgencia y permanecen en estado crítico.
Penosamente, el Código Penal ni la ley especial de tránsito tipifican como crimen premeditado el acto en que incurrió el chofer de ese minibús, que condujo el vehículo a gran velocidad, sin poder controlarlo al paso de una curva de la angosta carretera.
Son frecuentes los accidentes fatales causados por guaguas voladoras, verdaderos instrumentos de muerte conducidos por gente sin escrúpulos que se creen dueño de calles, avenidas y autopistas.
La tragedia de Haras Nacionales, que lacera el alma, debería motivar un amplio movimiento de opinión pública para que se modifique la ley a los fines de que acciones como la perpetrada por ese conductor sean calificadas de homicidio voluntario con previsión de largos años de cárcel para los infractores.
Se requiere que Autoridad Metropolitana del Transporte (Amet) aplique la ley contra choferes irresponsables que han convertido la vía pública en un verdadero infierno, que amparados en su proclamada condición de dueños del país, violan todas las disposiciones de tránsito y abusan contra peatones y conductores.
La sociedad no debería pasar por alto la horrenda muerte de esos ocho muchachos y las heridas graves sufridas por otros, a causa de la irresponsabilidad de un chofer. Además de consternación e ira, esa tragedia debe motivar un basta y un reclamo a las autoridades para que enfrenten tan descomunal desorden.

