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Contexto social

Contexto social

Las más trascendentes decisiones asumidas por un Estado, jamás debieran estar desvinculadas de las características sociales, económicas, políticas e incluso culturales del escenario donde van a ser aplicadas. Pretender actuar en sentido opuesto a la dirección de vientos colectivos, es camino infalible para conducir al fracaso.

Eso ocurre en uno u otro sentido. Si pernicioso resulta estar por detrás de la capacidad de reclamo ciudadano, lo mismo sucede cuando se intenta ir por delante de las capacidades asimilativas del entorno general.

Si algo sirve para describir lo que ha matizado la sociedad dominicana en los últimos tres años es la distancia cada vez mayor que se fue produciendo entre las aspiraciones de la gente traducidas en expresiones concretas de exigencias y la tozudez de autoridades obstinadas en aferrarse a métodos de gobernanza rechazados por haber agotado sus posibilidades de vigencia respecto a gobernados que casi de forma súbita empezaron a despertar.

Eso ha significado un salto cualitativo significativo en el ejercicio de ciudadanía en un país que parecía adormilado, con capacidad reactiva insignificante y, por eso, a merced de los abusos más descarados en contra de sus derechos fundamentales.

No es que de golpe y porrazo nos hayamos convertido en conglomerado del primer mundo, pero que nadie se equivoque si reitera metodologías del pasado pretendiendo tener indiferencia y complicidad como respuestas.

Entre las redes sociales y una clase media dispuesta a defender los peldaños conquistados, serían muchas las sorpresas que pudiesen generarse y las recomposiciones en el control del poder producirse en espacios temporales mucho más reducidos.

La circunstancia descrita no debe producir pánico en una dirigencia política auténticamente interesada en el desarrollo de su pueblo.

Al contrario, debe apoyarse en ese resurgir de la conciencia cívica para que le sirva de pivote en el logro de la consolidación democrática y de una institucionalidad que es la única garantía de hacer que esos logros se perpetúen en el tiempo.

Ahora, que la nación está a las puertas de elegir o reestructurar organismos constitucionales, la ocasión es propicia para hacerlo con conciencia plena de la magnitud de la significación de tales pasos, dado el impacto que eso puede tener, para bien o para mal, en el camino del fortalecimiento democrático que se ha emprendido.

El deber llama a hacerlo de la manera que eso pueda contribuir a hacer avanzar mucho más esa aspiración general. De lo contrario, las consecuencias serían fatales.

Por:Pedro P. Yermenos Forastieri

pyermenos@yermenos-sanchez.com

El Nacional

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