Que el presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski, ganara las elecciones de milagro no significa que tenga que hacer magia para conducir el país por la senda del desarrollo.
Al asumir el cargo ha identificado como uno de los pilares de su gestión la lucha contra la corrupción como alternativa para que la nación sea más moderna, justa, equitativa e igualitaria. “Sepan todos”, advirtió, “que en eso no tendré miramientos”, y “quien falle acabará en la justicia”.
A seguidas señaló que el sistema debe ser profundamente reformado. Como una muestra de su compromiso anunció la creación de una autoridad especial con toda la autonomía e independencia necesaria.
La corrupción pública se ha erigido en uno de los principales objetivos de los gobernantes que últimamente han alcanzado el poder en la región. Y se entiende a la perfección con solo tomarse en cuenta que la desviación de los fondos públicos y el enriquecimiento ilícito están entre las causas que tienen sumida en la pobreza a una amplia franja de la población.

