Desde sus inicios el PRM ha tratado de venderse como un partido diferente, “Moderno” está en su nombre después de todo, pero en la práctica le ha costado mucho demostrarlo.
El proceso electoral del 2016 le brindó la oportunidad de realizar ese pivote que por tanto tiempo ha alegado, con el surgimiento de nuevas figuras políticas interesantes en el partido.
El proceso interno que actualmente se lleva en ese partido pudiera reforzar ese empuje, si es que el partido no se deja arrastrar por las mañas de, a lo que últimamente se le llama, la “vieja política”.
El PRM, luego de las elecciones del 2016, logró un golpe de efecto en la elección de personas como Faride Raful, José Ignacio Paliza o el mismo David Collado que no son asociados a la política partidista tradicional. Ese golpe de efecto tomó momentum con el surgimiento a lo interno de personas como Eduardo Sanz Lovatón, Andrés Lugo, entre otros, que marcan un giro interesante de a lo que los dominicanos ya estamos acostumbrados.
Sin embargo, el PRM sigue siendo frenado por la política de grupos, siendo Luis Abinader e Hipólito Mejía las únicas figuras a las que se les reconoce con liderazgo nacional dentro de esa organización, sin que en ningún momento ello haya sido demostrado en los votos, habiendo sido ambos derrotados claramente en sus últimas dos aventuras presidencialistas.
Todo lo anterior nos trae al proceso interno que se aproxima para ese partido. El PRM estará eligiendo si seguir montado sobre la ola que iniciara en el 2016 y renovar las caras que componen el liderazgo de esa agrupación, o atrincherarse en la vieja política amarrado al liderazgo que le fundó y sus pretensiones dinásticas, o si finalmente hacer un poco de ambas.
Cuanto menos al PRM le conviene en estos momentos hacer un lavado de cara. Los votantes parecen muy receptivos a figuras nuevas como lo demostraron las elecciones del 2016, donde no obstante el Presidente Medina haber obtenido más de un 60% de los votos, el PRM logró importantes victorias a nivel congresional y municipal en plazas tradicionalmente fuertes para el PLD con incumbentes muy enraizados.
La peor posición en la que un partido de oposición puede estar es en la de aparentar ser “más de lo mismo” en el mejor de los casos y en el peor de los casos representar el caos absoluto, y ese ha sido el mantra del PRM desde su fundación, de ahí sus constantes derrotas. La convención de este año representará la oportunidad más creíble de cambiar esa impresión en el electorado desde su fundación.
No recuerdo en mi relativa corta memoria de procesos electorales un proceso interno tan interesante como al que está a punto de someterse el PRM. Ojalá y algo positivo resulte de esto no sólo por ellos, sino para todo el sistema partidario de República Dominicana que ya no es que agoniza, es que ya su putrefacto cadáver hiede.

