El país, sus familiares, las Fuerzas Armadas y la Dirección Nacional de Control de Drogas pierden a uno de sus valores. Dedicado al trabajo, ejerció su función con apego a la dignidad, sin violar las leyes ni maltratar a nadie. Se trata del queridísimo coronel César Agustín Ubrí, quien pertenecía a las nuevas generaciones de militares dominicanos.
Manos sacrílegas y mentes pervertidas, en una acción macabra, segaron la vida en un instante a este ciudadano, quien venía prestando loable servicios a la DNCD y a la República. La Justicia debe abundar en las investigaciones frente a las versiones de los adoloridos familiares de la víctima y el sagrado derecho que le asiste.
Hacen cerca de 15 años conocí al coronel Ubrí, mientras llevábamos dos casos de extradición, y aunque a uno de mis defendidos sus familiares no podían verlo, previa cita, visité a este virtuoso militar, quien al instante hizo llamar al detenido y ordenó que su abogado y sus familiares pudieran visitarle. Recuerdo que para conversar con el imputado era en presencia de uno o dos miembros de esa institución. Dialogué con el coronel Ubrí, porque yo no tenía privacidad, e inmediatamente este caballeroso militar comprendió mi reclamo.
En mi quinta visita a la DNCD, a contactar y diseñar estrategias jurídicas con mis clientes, volví a saludar a Ubrí, pues ese día estaba de servicio. Conversamos sobre derecho y leyes, pues me dijo que estudiaba para ser abogado y le agradaba la materia penal y laboral.
Me preguntó que había que hacer para ser un abogado tan destacado y bueno como quien esto escribe.
A esta interesante pregunta, le respondí: Es imperativo cumplir con la ética profesional y el juramento ante la Suprema Corte de Justicia, ser adicto a los libros, leer de tres a cinco horas cada día, comprar libros, revisar la jurisprudencia, leer los periódicos y revistas en la doctrina, ser leal con el cliente y consigo mismo, ser justo en el cobro de honorarios, superarse todos los días, tener un amigo abogado de asesor-consulta, honrar la toga y el birrete, ser honesto y comprensible.
Me regaló una revista y yo le obsequié dos libros. A veces conversábamos por teléfono, y hablábamos de la familia, la cual para él era un culto sagrado. Cada vez que visitaba la DNCD, iba a saludar a tan prestante amigo.
La DNCD y el gobierno deben ayudar y proteger a los atribulados familiares. Aunque ellos por honor a su idolatrado deudo no lo harían, solicitamos al mayor general Rosado Mateo, ponderar que uno de los departamentos de la institución lleve el nombre del coronel Cesar Augusto Ubrí, gloria del sur y del país, ido a destiempo, lamentablemente.
Adiós, adiós coronel Ubrí, si los muertos hablaran, muchas verdades supieran los que viven. Como decía Thomas Campell: Vivir en los corazones en los que dejamos atrás no es morir.
