Hoy jueves 31 de mayo es Día de Corpus Christi en el cual celebramos la presencia del Cuerpo y la Sangre de nuestro salvador Jesucristo en la Eucaristía. Esta fiesta de la Iglesia Católica que es realizada el jueves después de los 60 días del Domingo de Resurrección y es el día en que recordamos la Ultima Cena del jueves Santo donde Jesus nos dejo su cuerpo y sangre como demostración de querer quedarse con nosotros después de la Ascensión.
Esta celebración se remonta al siglo XIII donde fue celebrada por primera vez el año 1246 en Lieja (Bélgica), fiesta promovida por la religiosa Juliana de Mont Cornillon, con la idea de celebrar una festividad en honor al Cuerpo y la Sangre de Cristo presentes en la Eucaristía y que en 1264 fue instituida como festividad por el papa Urbano IV, mediante la bula “Transitur us hoc mundo”.
El papa Urbano IV consagró la celebración del Día de Corpus Crhisti en reconocimiento a la fe cristiana
Juliana quien desde joven tuvo una gran veneración al Santísimo Sacramento y siempre añoraba que se tuviera una fiesta especial en su honor y cuyo deseo se intensificó por una visión que ella tuvo de la Iglesia bajo la apariencia de luna llena con una mancha negra, que significaba la ausencia de esta solemnidad, ideas que ella le dio a conocer al entonces obispo Liège quien quedó impresionado favorablemente.
Como en ese tiempo los obispos tenían el derecho de ordenar fiestas para sus diócesis, invocó un sínodo en 1246 y ordenó que la celebración se tuviera el año entrante, a pesar de que el obispo Roberto murió varios meses después y no vivió para ver la realización de su orden.
El Papa Urbano IV, siendo admirador de esta fiesta, publicó la bula “Transiturus” en septiembre del 1264, en la cual, después de haber ensalzado el amor de nuestro Salvador expresado en la Santa Eucaristía, ordenó que se celebrara la solemnidad de “Corpus Christi” en el día jueves después del domingo de la Santísima Trinidad.
En nuestro país las iglesias son decoradas con flores que son llevadas por los feligreses devotos, quienes acuden a la verdadera fuente de paz, amor y sabiduría del Espíritu Santo, presente en la Eucaristía.
En lo personal visitamos regularmente el Santísimo, donde oramos, leemos y meditamos la palabra diaria, poniendo nuestras situaciones, metas y proyectos en manos de Dios, y podemos dar testimonio del poder de la oración, porque cuando nos ponemos en sus manos, El siempre nos da la orientación, la fortaleza y el camino correcto.

