Opinión

Corrupción en el Estado

<P>Corrupción en el Estado</P>

No es cuestión de ahora la preocupación que permanentemente manifiestan segmentos importantes de nuestra sociedad con relación al crecimiento visto e innegable, ya sea de manera objetiva o subjetiva,  de la llamada corrupción administrativa.

   Y con razón sobrada. Puesto que esta afecta de manera directa a la economía y, como si fuera poco, tiende a desacreditar el buen funcionamiento de un gobierno de la noche a la mañana, entre otras cosas de alto peligro público para la ciudadanía.

   A simple observación, tentáculos como el repudiable enriquecimiento ilícito y la nunca bien recibida impunidad, por tan solo hacer mención de dos, se convierten en indicadores provocadores, reprochables, repudiables y representativos de la condena enérgica de la población activa, la cual, sintiéndose burlada, se resiste a  echar a un lado e ignorar su compromiso social y cristiano que por toda una vida, sembrando principios y valores morales, ha levantado con esmerado orgullo, siempre pensando en el engrandecimiento de las familias y a la sociedad en su conjunto.

   De manera que bien podríamos afirmar que la corrupción representa una retranca para el tan anhelado crecimiento sostenido y desarrollo  viable y equitativo del país.

   Sabido resulta que mientras más una nación democrática se aleja de la fastidiosa corrupción administrativa, mediante la implementación de políticas públicas de  fiscalización y acentuación de los procesos de capacitación y profesionalización de toda la empleomanía, mucho más se acerca a los valores éticos y al disfrute de una real y efectiva transparencia administrativa.

  De ahí la preocupación públicamente externada por algunos comunicadores y otras personalidades de los diversos segmentos de la población, en estos casi tres meses de transición, solicitándole al nuevo presidente constitucional que tendremos los dominicanos a partir del próximo 16 de agosto, licenciado Danilo Medina Sánchez, para que enfrente de manera frontal al fenómeno de la corrupción. 

   Y precisamente, para apaciguar a todos aquellos que les mortifica el tema de por sí complejo, estamos completamente seguro de que el licenciado Danilo Medina sabrá, con eficiencia y eficacia, desde su llegada al Palacio Nacional, poner en ejecución políticas de transparencias capaces de acorralar las malas prácticas que fomentan la corrupción entre los servidores públicos.  

   Más aún, que sin temblarle el pulso cancelará y llevará al banquillo de los acusados a todos los funcionarios públicos que, negándose a respetar  las reglas del juego dadas a conocer por el jefe del Estado dominicano, cometan actos reñidos con la moral y las buenas costumbres.

El Nacional

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