RAMÓN ANTONIO VERAS
Surge de los sistemas sociales fundamentados en la opresión de una minoría sobre las grandes mayorías, sí tiene su origen en la formación económica que da inicio a la explotación.
Ha existido durante siglos y se mantiene como desde sus inicios, aunque hoy con formas y métodos más modernos y sofisticados. Pero no siempre va a tener vigencia, ella tiene, necesariamente, que desaparecer como fenómeno social, más temprano que tarde.
De la misma forma que ha contribuido a fortalecer sistemas sociales, también los ha llevado a un grado tal de podredumbre que los ha liquidado. Muchos gobiernos que la tienen como divisa han terminado barridos por ella misma cuando las masas populares se dan cuenta del daño que entraña su vigencia para la buena formación de las presentes y futuras generaciones.
Tiene más fuerza y poder que las mismas instituciones del Estado. Es más, muchos estados se fundamentan en ella para su consolidación y funcionamiento.
Sin temor a equivocación, se puede afirmar que ella es la base sobre la cual descansan los diferentes gobiernos que surgen de la democracia representativa. Los gobernantes la tienen como una aliada táctica permanente porque sirve para satisfacer las apetencias desmedidas de las minorías y, de igual manera, para mantener subyugadas a las mayorías que no disponen de los instrumentos del poder político para hacer valer sus derechos en el orden económico, político y social.
Hasta a los seres humanos más despreciables, ella los hace simpáticos, amables, agradables y graciosos porque es portadora de la mercancía más apreciada en la sociedad moderna: dinero.
Ella no distingue entre hombre o mujer, joven, adulto o anciano. Su radio de acción es tan amplio que penetra a todos los sectores, clases y capas sociales y con facilidad gana aliados, colaboradores, y simpatía por los recursos de que dispone.
Ella se convierte en el arma principal de los simuladores, de los que viven de fingir, aparentar y falsear, mientras que es enemiga jurada de los hombres y mujeres puros, leales, honrados y francos.
Nunca está en la conciencia de una persona limpia, pura, justa, espontánea y noble. Su base, su caldo de cultivo esta allí donde existe el sinvergüenza, el pícaro, el descarado.
Cuando ella no puede penetrar a un lugar decente busca la forma de asediar, bloquear, acorralar, poner un cerco a los que se oponen a su presencia. No obstante su esencia sucia, se comporta soberbia, presumida, arrogante y prepotente.
En nuestro país cuenta con tanto poder y dominio que muy poco o nada se puede hacer sin su concurso y colaboración. Cuantas veces se quiere ignorar, ella enseña sus garras para demostrar que con ella hay que contar para todas las actividades, sin importar que sea en el sector público o privado. Ella, la corrupción, es un poder aquí.

