Tal vez la falta de sanción ejemplar está provocando que quien cometa actos de corrupción decida defender el hurto a sangre y fuego. Y subrayo lo de defender la sustracción. Ni en los tiempos de piratería de los siglos idos los comportamientos fueron disimulados, sencillamente la defensa sin justicia ni castigo genera violencia sin frenos, sin un tope.
Corruptos, corruptores… y para colmo resulta que cualquiera puede ver desde lo lejos que negocios son negocios, en el entendido de que tenemos que beneficiarnos todos o se rompe la baraja, y esto puede alcanzarse por vías discretas o mediante mecanismos mucho más difíciles y ásperos. La negociación a escondidas, bajo disfraces disímiles, de cualquier modo.
Unos enriquecen al través de la corrupción, otros decidieron comportamientos éticos, en defensa de su moralidad. Terceros dan la vuelta al trompo y empujan hacia modalidad ilícita, sacándole provecho a las debilidades institucionales y a la vulnerabilidad de la persona, de sus indecisiones, de sus afanes de usura, de nuevas relaciones con los corruptos y los corruptores.
Lo ocurrido en una estación radial ubicada en San Pedro de Macorís, acontecimiento que quedó medio inconcluso o sujeto a la imaginación debido a las muertes de los sujetos, fue el signo de la mayor violencia conocida hasta ese momento del mal uso del bien público.
Estamos llegando al punto atroz. Hay que castigar. No podemos seguir contemplando sucesos de esa naturaleza, empañados por la sangre. Y debemos hacer el esfuerzo por recuperar la confianza en la gestión policial y judicial. En el caso más reciente que terminó en la muerte del abogado Ramírez Ferreras hay que creer en el informe policial y de la Fiscalía. ¿Por qué dudarlo? La presión de la sociedad tiene que enfocarse en los tribunales.
Si las agencias policiales y/o del aparato judicial actúan lentos los criticamos, lo mismo si nos sorprende con rapidez y puntualidad, con eficacia. Hay que recuperar el crédito, la confianza, y distinguir con suficiente claridad y prudencia las prioridades. De la primera letra jamás podremos saltar a la última. Nos caeremos en cualquier peldaño. Avanzaremos confiando.

