Quisiera compartir con los lectores de este importante vespertino fragmentos de las palabras que recientemente pronunciamos en la puesta en circulación de nuestro libro Corrupción y transparencia en la administración pública, con la esperanza de que al final nos acerquemos mucho más a la transparencia y nos alejemos de la corrupción. Aquí van:
Visto desde un contexto histórico, dos fenómenos coexisten dentro del campo exclusivo de la administración pública, uno positivo y otro negativo, de fácil apreciación desde las perspectivas sociopolítica, psicosocial o socioeconómica. Hablamos de la corrupción y la transparencia. Una siempre está en oposición a la otra.
La transparencia conduce a mostrar una sociedad democrática mucho más acabada y respetuosa de sus instituciones; mientras que la corrupción siempre ha sido portadora de una mancha repudiable, difícil de ocultar (digamos que una mancha indeleble, como se titula un cuento del profesor Juan Bosch), para cualquier país que, en vía del fortalecimiento de sus políticas públicas, haya decidido transitar por los caminos de la democracia.
El ser humano es por naturaleza complejo. Y esa complejidad le ha permitido convertirse en un sujeto explorador en demasía; tanto así, que posiblemente sin él darse cuenta esas exploraciones lo condujeron primero a conocer y luego a acercarse al malicioso arte de la corrupción.
Desde entonces, después de haber acariciado los tentáculos de la corrupción, las personas han vivido construyendo y destruyendo; cambiando permanentemente sus sueños, realidades y utopías.
Unos alejados de las tentaciones; y otros tendiendo los brazos para sentir correr por sus venas el infernar líquido sabiamente inyectado por los señores corruptores. Esa es la vida. Esa es la constante lucha entre el bien y el mal.
La corrupción es un cáncer repudiable que atenta contra nuestro sistema democrático y nuestra estabilidad política, social y económica, afectando el gasto público y las finanzas del país; que pone en duda la moralidad y la legitimidad del Gobierno, la honradez del aparato administrativo, y de las organizaciones políticas; que retrasa nuestro proceso de crecimiento y desarrollo; y, lógicamente, incide de manera directa en el aumento del fenómeno de la pobreza.
Lo cierto es que en la medida que nosotros pongamos mayores esfuerzos en los procesos de capacitación y profesionalización de todos los empleados y trabajadores del Estado, mucho más tenderá a disminuir la sensación de incredibilidad en las instituciones gubernamentales por parte de la opinión pública. De ahí la importancia de la inversión en los recursos humanos para el reforzamiento de los procesos de reformas y modernización en el Estado.

