(1).-
El ejercicio político en la República Dominica está urgido de ser impactado por prácticas innovadoras en el más amplio sentido de la palabra, que sean capaces de sacudir, por novedosas y profundas, las conciencias aletargadas de tantos ciudadanos que anhelan un auténtico cambio de rumbo de la nación, pero que están desinteresados ante tantas reincidencias de más de lo mismo.
La fundación del PLD y sus años de oposición, ha sido el último ejemplo que hemos tenido de manifestaciones políticas con potencialidad de llamar la atención y, al mismo tiempo, ser portadoras de la fuerza requerida para transformar el estado de cosas en su ámbito de influencia. Que todo se haya quedado en la formación de una ilusión no concretizada, es harina de otro costal, pero nadie puede escamotearle a esas novedades innovadoras gran responsabilidad en la creciente conexión con la población que alcanzó esa organización partidaria.
Fuera de eso, lo que hemos tenido es una competencia que parece girar en torno a quien más prometa cambios para que todo continúe en el mismo lugar.
La creatividad es imprescindible para innovar, pero no constituye, de ninguna manera, garantía de que la va a generar. Algo creativo no es, de forma automática, innovador, porque puede carecer de la capacidad de transformar una situación determinada, a la cual apenas toca sin mayor repercusión.
Lanzar cerdos al aire en medio de un certamen electoral; agitar billetes de alta denominación con las aspas de un abanico, puede valorarse como creativo, pero qué de innovador tiene algo que, lejos de modificar circunstancias, no hace más que perpetuarlas.
Introducir círculos de estudios como requisito para la militancia política, no solo es creativo, sino que introduce un elemento innovador en tanto y en cuanto viabiliza elevar los motivos para accionar en política e insertarse en la vida partidaria hacia niveles de cualificación que trascienden al simple sentimiento o la búsqueda de satisfacer aspiraciones individuales.
Guillermo Moreno quiso ser creativo con su ayuno de silencio y reflexión, pero las lecciones que quedan de lo ocurrido permiten concluir que se trata de un recurso nada innovador y que, por el contrario, proyecta mensajes que, de seguro, no van a traducirse en beneficios de carácter político que es, al fin y al cabo, lo que se supone debe procurar un dirigente político que aspire a dirigir una nación e imponer, desde el poder, sus ideas. El martes expondré mis razones.
POR: Pedro P. Yermenos Forastieri
pyermenos@yermenos-sanchez.com

