Lo ocurrido el domingo en la tarde en una iglesia cristiana de Rafaey, Santiago, es otro signo inquietante sobre la realidad social dominicana. Bastó con que a una persona a quien se le había averiado una motocicleta le dijeran que si la máquina le daba problemas que la vendiera para que penetrara al templo y disparara contra los feligreses, matando a uno de ellos.
El agresor no había sido identificado, pero se estableció que es dominicano y reside en el sector de Santiago. La víctima sí fue identificada como el haitiano Densy Casedus, de 26 años.
Si no se trata de crispación, entonces hay que pensar que la salvaje agresión estuvo motivada por el odio racial. Por cualquiera de las dos razones el crimen es de todas formas inaudito. El homicida no reparó siquiera en que estaba en el interior de una iglesia para, por una expresión tan simple y usual, segar de dos disparos la vida de una persona. Que la víctima fuera haitiana no deja de conferir una mayor connotación al conmovedor suceso.

