Opinión

Crimen y sociedad

Crimen y sociedad

La debilidad de las instituciones que conforman el Estado dominicano no guarda proporción con la lucha librada por el pueblo dominicano durante el régimen de Trujillo y con posterioridad a la desaparición física de  éste.  Si se hace un análisis sereno y desapasionado de la situación que vive hoy el país a nivel de seguridad personal de inmediato se advierte que es muy frágil el ordenamiento legal e institucional para garantizar la vida de la generalidad de dominicanos y dominicanas.

La vinculación de la politiquería con la criminalidad es evidente.  Son muchos los delincuentes relacionados estrechamente con grupos políticos.  En la medida que avanza el negocio de las drogas y se desarrollan otros negocios sucios, el crimen goza de influencia política e impunidad.

Es muy posible que hombres y mujeres de bien, no se han detenido a pensar la gravedad de la situación criminal y la forma como el tráfico y consumo de estupefacientes ejerce influencia en el seno de la sociedad.  A lo mejor, por los pocos crímenes que se descubren, algunas personas decentes no conocen la profundidad de dominio de las bandas criminales y su incidencia en algunos negocios. 

Luego de haber tenido conocimiento de asesinatos ejecutados por grupos de bandoleros nos hemos formado la idea de que los hombres y mujeres del país se mueven sin ninguna clase de garantía y la vida está dependiendo de que un delincuente decida pagarle a un “matón” por encargo para que termine con la existencia de cualquiera que no sea de su agrado.

Desde hace mucho tiempo habíamos advertido, por medio de artículos, charlas y conferencias, que la producción, consumo y tráfico de estupefaciente llegaría a crear en el país una nueva forma de criminalidad y que sería, hasta cierto punto, incontrolable para los órganos de poder porque se fortalecería por medio de la mercancía dinero, que se iba a entrelazar con la política y así ha ocurrido.

Por lo general, aquí cada jefe de grupos de criminales tiene estrecha relación con politiqueros que aceptan recursos económicos en el curso de las campañas electorales y luego tienen  que ponerse al servicio del crimen organizado y ahí está la razón por la cual cuando se comienza una investigación es difícil que llegue hasta las últimas consecuencias.  Resulta alarmante el hecho de que de cada diez acciones criminales a lo mejor tres se investigan y los culpables pueden ser sometidos ante los tribunales ordinarios.

Es posible que, hasta ahora, personas con sensibilidad y preocupadas por los problemas sociales no se han dado cuenta del nivel de podredumbre en que se encuentra hoy la sociedad dominicana y que se expresa en forma clara en las grandes ciudades.

Los problemas sociales no se solucionan con lamentos, decretos, represión y consignas huecas; se enfrentan combatiendo, atacando la base misma que los hace surgir; los vicios y lacras que están hoy vigentes en la sociedad dominicana son el fruto de estructuras rígidas que solamente se mantienen porque así conviene a la minoría nacional que desgobierna, en forma egoísta, y hace posible la criminalidad que hoy nos arropa.

Si aceptamos que el hombre criminal fue un niño desdichado, a quien faltaron buenos ejemplos y caricias, lo que está ocurriendo con la criminalidad es la expresión directa de una sociedad fría, organizada en base a principios débiles generados por un sistema opresor en plena decadencia, pero que no por eso deja de hacer posible que el crimen organizado controle amplios sectores, incluyendo la política y los negocios. 

El Nacional

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