Así se denominan los delitos cometidos de mutuo acuerdo por las partes (victima y victimario). Como ejemplo podemos citar prostitución, consumo de estupefacientes, juegos ilegales, pornografía, entre otros.
Siendo estos delitos producto de un consenso entre las partes, ¿debe el Estado dispendiar recursos en el combate de los mismos?, Claro que sí, aunque algunos sectores digan lo contrario. Es un deber del Estado, propiciar una sociedad con valores morales y éticos, sobre todo para la juventud en proceso de formación de su personalidad y como ente fundamental para el desarrollo de la nación.
Este tipo de crímenes, no sólo afectan al que los comete, sino que en la mayoría de los casos, afecta a terceros ajenos a la situación, de manera psicológica, física y de otras índoles.
Es este un tema de debate a nivel internacional, debido a que algunas actitudes de pensamiento liberal, encasillan este tipo de delitos, como decisiones personales de sus autores, los cuales deben de ser respetados por haber sido tomadas por adultos en capacidad de elección de conductas, olvidando el papel rector del bien común que el Estado está llamado a desempeñar a través de políticas públicas, ejecutadas por medio de campañas, llamadas a sensibilizar a toda la sociedad, sobre las penas que acarrean estas actividades, como forma de en unos casos evitar la reincidencia y en otros (los óptimos), disuadir a otros de que caigan en las redes de estas actividades.
Quienes auspician este pensamiento liberal, de permitir que cada quien haga lo que le parezca, porque son crímenes sin víctimas, debieran conocer las penurias de una madre con el hijo sumergido en el mundo de las drogas o el esposo vendiendo todo lo que tiene para poder asistir a un salón de juegos y que tal la desgracia de un familiar con sida, verlo deteriorarse, consumirse conjuntamente con todas las esperanzas cifradas en él. A esos les llamo a reflexionar sobre el tema y entender que estos, todo lo contrario a lo que indica como son llamados, tienen un efecto de victimización devastador para quien los comete, sus seres queridos y de desconocidos afectados en muchos casos, por secuelas generadoras de conductas delictivas para solventar la necesidad de los mismos.
