Haití: cuánto se habla
La tragedia sufrida por el pueblo haitiano el 12 de enero del corriente año, ha comenzado a generar un aterrador desborde de anuncios, proyectos, seminarios, conferencias, actividades para recolectar fondos que más bien se parece a la creciente de un río de grandes dimensiones, como el Amazonas, el Orinoco o el Missisipi, que todo lo que encuentra por delante se lo lleva.
En esas ironías de la historia, ha sido el pueblo dominicano el más noble, solidario, activo, dispuesto, con la decisión que lo ha caracterizado en toda su historia, o mejor dicho de su existencia, como Nación, convertida a partir del 27 de febrero de 1844 en un Estado republicano que, en otra ironía de la historia, se independizó de Haití y no de España. Otros aspectos importantísimos de la historia de estos dos pueblos, que habitan la isla de La española, como la bautizó Colón, o de Santo Domingo, como es históricamente conocida y como debe llamarse, no es necesario en la brevedad de esta columna tratarlos esta vez.
Entre la innumerable corriente y anuncio de esos proyectos y de esas promesas y de la necesidad de reconstruir las débiles instituciones de Haití, aparece ahora la oferta, novedosa, si cabe la expresión, de dos países africanos: Senegal y Liberia, dispuestos a recibir en sus territorios a nacionales haitianos, invocando las raíces ancestrales de los que poblaron la parte Occidental de la isla de Santo Domingo, convertida en una colonia de plantaciones de caña de azúcar, que por cerca de doscientos años explotó la monarquía francesa y más luego, en sus primeros años, el imperio de Napoleón Bonaparte. Senegal tiene una extensión superficial de 196,190 km2 y Liberia 111,370 km2. Esas proposiciones tienen antecedentes históricos porque la República de Liberia, palabra esta última que significa Tierra Libre, país que se encuentra ubicado en la costa Oeste de África, fue el lugar escogido en los primeros años del siglo XIX para fundar una nación de negros afroamericanos, que tenían nacionalidad estadounidense.
Los negros que fundaron Liberia, proclamada República el 26 de julio de 1847, llevaron a ese proyecto sus hábitos de vida, su idioma inglés y religión propia del pueblo estadounidense. En África a los ciudadanos de Liberia se le llamaba los negros americanos y en una época lejana, en principio, el proyecto parecía viable. Senegal tiene todos los matices y características propias de los pueblos tribales africanos, aunque ambos, Liberia y Senegal, en términos del estándar de vida y de desarrollo de las actividades productivas, están muy por encima de lo que era Haití antes de la desgracia del 12 de enero y de lo que es ahora en los momentos actuales.
Partiendo de las proposiciones que Senegal y Liberia han hecho de conocimiento público y dándole seguimiento a las ideas, proyectos, proposiciones, y a las opiniones que inundan todos los medios de comunicaciones escritos, televisivos, radiales, etc., hay que actuar con prudencia, seriedad y honestidad, particularmente los dominicanos, para que este momento dramático que vive el pueblo haitiano y que vive también nuestro pueblo, no se convierta en un escenario del galloloquismo, que conocemos bien como una expresión de la composición social del pueblo dominicano.

