Opinión

CRÓNICA DEL PRESENTE

CRÓNICA DEL PRESENTE

Después de Talía Pacheco, Cuto Estévez y Goyo Rivas, aparecieron en el firmamento musical de Moca dos excelentes trompetistas: José Antonio Molina (Papa) y Leoncio Saint Jean; el primero, así muy lejos en el registro de nuestra memoria, lo recordamos allá por el año de 1941 en Moca cuando fuimos a vivir con nuestra familia al ser nuestro padre trasladado desde el municipio de Sánchez, que era en ese entonces el puerto más importante de toda la región Nordeste y Norte del país, a esa provincia. Papa tendría algunos 14 o 15 años de edad y ya era trompetista de la banda de música de esa ciudad, que era de extraordinaria calidad. Podemos decir que era el inicio de un músico excepcional compositor de bellas canciones, que llegaría a ser, años más tarde, en plena juventud, primera trompeta y luego director de esa orquesta que había fundado José Arismendy Trujillo Molina, alias Petán, verdadero mecenas del arte dominicano, aunque a los profesionales del antitrujillismo les moleste la afirmación que estamos ratificando.

 La San José fue en aquel momento, junto con la Generalísimo Trujillo, originalmente Lira del Yaque y después Santa Cecilia, fundada y dirigida por Luis Alberti,  la síntesis de la extraordinaria y excepcional sensibilidad musical de los grandes ejecutantes y solistas de la música dominicana. A ellas se podría sumar la Orquesta Hollywood que había sido fundada y dirigía Papín Feliú Cabral, magistral pianista de la ciudad de Santiago. En su etapa inicial la súper orquesta San José fue dirigida por Rey Fernández, excelente trompetista francomacorisano, y luego por Julio Gutiérrez, pianista y compositor cubano, discípulo de Ernesto Lecuona, y más tarde  por Avelino Muñoz, pianista y compositor panameño. A Papa Molina, compositor entre otras piezas del bolero inmortal Evocación, el destino le dio la oportunidad de demostrar su categoría como trompetista y director de orquesta acompañando, al frente de la San José, a los más brillantes intérpretes, mujeres y hombres, de la canción hispanoamericana.

Leoncio Saint Jean fue trompetista de la San José y de otras orquestas del país y fue también primera trompeta de la Orquesta Sinfónica Nacional y a quien el destino se llevó de la vida siendo, en términos de edad, un hombre relativamente joven. Otro trompetista de esa época, arreglista y director de orquesta, fue Héctor de León, Cabeza, que no era mocano, sino de Miches, legendario poblado del este del país. Cabeza de León dirigió orquestas en la Voz Dominicana y más luego se trasladó fuera del país, viviendo en Puerto Rico y  Estados Unidos, en donde se destacó como expresión de la extraordinaria calidad de los músicos dominicanos que ya habían dejado constancia en nuestro país, Cuba, Puerto Rico, Venezuela, Centroamérica, México y Estados Unidos, de la sensibilidad cualitativa, incuestionable de este pequeño país, “Legendario, veterano de la historia y David del Caribe”.

El Nacional

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