En la conversación que sostuvimos con Enriquillo del Rosario Ceballos, secretario de Asuntos Profesionales del PRD, en respuesta a las instrucciones de Juan Bosch de que se hicieran gestiones con el fin de que ingresaran al PRD por lo menos cien jóvenes profesionales universitarios; frente a la imposibilidad de ese objetivo, planteamos a Enriquillo que lo más conveniente era que organizáramos dos concentraciones profesionales, una en Santo Domingo y otra en Santiago, para que se emitiera un documento con severas críticas al Triunvirato por el grado imperante de corrupción en el país y en las instituciones del Estado, auspiciadas y promovidas por el gobierno de facto. Ese documento debería plantear y exigir el retorno a la constitucionalidad.
La idea de Blanco Fernández y el autor de esta columna, que desempeñaba en ese momento las funciones de Secretario General de la Asociación Dominicana de Abogados (ADOMA), conocedores de las actividades del Movimiento Militar Constitucionalista, era que los oficiales responsables de esa conspiración tuvieran conocimiento del apoyo que sus objetivos políticos tenían en el escenario profesional universitario del país. Enriquillo pidió que le concediéramos tiempo para él comunicarle al profesor Bosch lo que habíamos conversado y cinco días después nos comunicó la aprobación para la concentración que se llevaría cabo en enero de 1965, en los salones del Roof Garden, de la Cervecería Nacional, a la cual concurrieron más de ochocientos profesionales universitarios, actividad que se repitió después en Santiago, en el hotel Matum, con una asistencia quizás mayor que la de la capital.
En febrero el grupo que había asumido la responsabilidad de esas concentraciones escogió una comisión integrada por el arquitecto Leopoldo Espaillat Nanita, asistente del doctor Rafael Molina Ureña, coordinador civil y representante de Juan Bosch en la conspiración, el doctor Francisco Antonio Avelino (Tony), Bolívar Batista del Villar y el autor de esta columna, bajo cuya responsabilidad se redactó un documento que fue firmado por cerca de cuatro mil profesionales universitarios de todo el país, que hizo temblar la frágil base del gobierno de facto, usurpador de la voluntad popular, que se había expresado el 20 de diciembre de 1962, eligiendo a Juan Bosch presidente de la República.
El camino para la insurrección militar exigiendo al retorno a la constitucionalidad sin elecciones, estaba abierto. Esa insurrección patriota, gloriosa, dramática, se produciría el 24 de abril de 1965, cuando el Movimiento fue develado y el doctor Donald Reid, siguiendo instrucciones de los funcionarios de inteligencia de los Estados Unidos, ordenó el apresamiento de los oficiales superiores que dirigían el Movimiento Constitucionalista.

