Opinión

CRÓNICA DEL PRESENTE

CRÓNICA DEL PRESENTE

El 30 de este mes,  se cumplen 49 años del ajusticiamiento de Rafael Trujillo Molina, quien por el largo espacio de tiempo de 31 años gobernó a nuestro pueblo, sometiéndolo a un régimen de disciplina, respeto, trabajo, educación y terror, este último, método y acción, que se extendía a todos los sectores de la vida nacional, civiles y militares. 49 años después de su muerte, sigue siendo el personaje, que no alcanza la categoría de héroe ni de proceridad, más importante de la República en toda su historia. Pedro Santana, Buenaventura Báez, Ulises Heureaux, Ramón Cáceres, Horacio Vásquez y Joaquín Balaguer, que por períodos de tiempo importantes gobernaron al país, no tienen la importancia histórica ni dejaron las huellas positivas, más que negativas, que dejó Trujillo a los dominicanos.

Trujillo ejerció su autoridad a sangre y fuego. Sus condiciones políticas le permitieron ejercer el mando, imponiendo un régimen eficiente, constructor, agresivo e intolerante, con imborrables matices asesinos, expresión de su avasallante personalidad. Transformó radicalmente a la Nación, incorporándola institucional y definitivamente al siglo XX. Es la verdad histórica, real, objetiva, desapasionada e incuestionable. Federico Henríquez Gratereaux, intelectual de verdad, que nunca fue trujillista, a quien el autor de esta columna conoce desde su adolescencia, en su columna “A Pleno Pulmón”, de fecha 11 de mayo del corriente año, publicada en el matutino “Hoy”, recuerda las veces que ha señalado “la necesidad de digerir a Trujillo, esto es de comprender cuáles fueron los antecedentes históricos de su gobierno”.

El antitrujillismo aventurero, comercial, fantoche, cargado de mentiras y de fábulas, ha terminado empequeñeciendo las virtudes y cualidades fundamentales del pueblo dominicano hasta la dolorosa realidad de que un afamado escritor hispanoamericano, Mario Vargas Llosa, apátrida, aventurero, no tan perverso, cruel y genocida como Jorge Luis Borges, escribió una novela, ayudado por intelectuales dominicanos, llamada “La Fiesta del Chivo”, que es un insulto al honor y la dignidad de los  dominicanos; de los que le sirvieron a Trujillo; de quienes lo combatieron y sufrieron persecución, prisión y torturas y de los que murieron, entregando sus vidas por el bienestar de nuestro pueblo; de quienes le sirvieron y sus hijos y descendientes, que cobardemente no defienden la memoria de sus antecesores que sirvieron a Trujillo; burla al personaje histórico, e irrespeto, desprecio y humillación al pueblo dominicano “Legendario, Veterano de la Historia y David del Caribe”, Actor solitario de su historia.

El oportunismo y el aventurerismo antitrujillista no tiene nada que ver con la vida y la conducta, discreta y silenciosa,  de docenas de dominicanos y algunas dominicanas que sufrieron los rigores de la dictadura; que han seguido 49 años después sin riquezas, sin prebendas, sin haber heredado, por el robo, parte de la inmensa fortuna que Trujillo y un reducido grupo de familiares y protegidos acumularon a expensas del trabajo, sacrificio y muerte de nuestro pueblo. Continuaremos…

El Nacional

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