Opinión

CRÓNICA DEL PRESENTE

CRÓNICA DEL PRESENTE

49 años después

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En el orden político, el ciclón de San Zenón, del 3 de septiembre de 1930, fenómeno extraordinario de la naturaleza, que desarrolló vientos a más de 200 millas por hora y cuyo ojo aterrador estuvo suspendido por largo espacio de tiempo sobre el poblado de Santo Domingo, que por su estructura y composición era más bien un conglomerado rural que una ciudad, integrado por miles de casas de madera y ranchos techados de zinc, constituyó como fenómeno de la naturaleza el punto de partida del ejercicio de la autoridad dictatorial, avasallante y represiva del régimen que encabezaba desde hacía 18 días el afortunado militar de San Cristóbal, quien apenas doce años después de haber iniciado su carrera ascendía a la presidencia de la República. San Zenón sirvió al caudillo para presentar sus cartas credenciales como  jefe capaz de reorganizar en términos económicos, sociales y políticos, al débil Estado que había nacido el 27 de febrero de 1844.

Veinte años después, al terminar la década que se había iniciado en 1940, bajo la dirección de ese régimen eficiente, constructor, en todos los aspectos sociales, de salud y educativos, agresivo e intolerante, con imborrables matices asesinos, como hemos señalado, la República Dominicana había dado un extraordinario salto cualitativo, iniciándose a partir de 1950 la etapa que hemos calificado como “El Cenit” del régimen trujillista. Para entonces por lo menos cuatro conspiraciones para derrocarlo se habían organizado en el país. En los primeros años de la década de 1930, las conspiraciones militares, encabezadas por el coronel Leoncio Blanco y  luego la que encabezó el general Vásquez Rivera; inmediatamente después, la organizada por el grupo integrado entre otros por Juan Isidro Jiménez Grullón, Ángel Miolán, Vila Piola, José Selig y Rafael Ramón Ellis Sánchez (Pupito), que al parecer contaba con el apoyo de los hermanos Viriato y Antinoe Fiallo.

Fue en esos momentos, después de ser desvelada la conspiración y apresados la casi totalidad de sus integrantes que Pupito advirtió que “Trujillo solamente muerto puede ser sacado del poder”, reiterando que el agresivo mandatario no era un cobarde y que por el contrario era un profundo conocedor de la psicología del pueblo dominicano. Años después, entre 1934 y 1946, consolidada la autoridad y el poder de Trujillo, Eugenio de Marchena, capitán de caballería motorizada del Ejército, primo de Pupito Ellis Sánchez, organizó en las filas de Ejército un movimiento que tenía como objetivo principal, no la deposición del gobernante, sino su muerte.

Fracasados los intentos expedicionarios de los exiliados dominicanos para combatir la dictadura, reorganizado el Ejército, con excelentes y modernas armas en su poder, el gobierno consolidado, fuerte, rico por haber acumulado enorme capital en el proceso de la Segunda Guerra Mundial, entró en la etapa de construir la infraestructura imprescindible para el desarrollo del Estado dominicano: carreteras, puentes, caminos vecinales, hospitales, escuelas, mercados públicos y comunidades llamadas “Barrios de Mejoramiento Social”, comenzaron a levantarse y extenderse en todo el territorio nacional. Continuaremos…

El Nacional

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