En los meses finales del año 1960, particularmente a partir del 25 de noviembre, en que fueron brutalmente asesinadas Las Hermanas Mirabal y su joven amigo y acompañante Rufino De la Cruz, en las cercanías de Puerto Plata, el destino físico de Rafael Trujillo Molina estaba sellado. Y Trujillo sabía que para él no había exilio; ignoramos las razones por las cuales aparecen historiadores, comentaristas y especuladores a quienes hemos calificado como veletas del momento y aves sin rumbo que quieren hacerle creer a este pueblo que Trujillo era un ruin y cobarde que quería vivir, a los 70 años para gozar la fortuna que había acumulado. Fidel Castro Ruz, calificado por Juan Bosch, junto a Toussaint Louverture y Simón Bolívar como uno de los tres genios políticos que han sido determinantes en el escenario histórico americano, había hecho de Trujillo un juicio correcto:
¨No subestimen a Trujillo. El es un hombre valiente, inteligente y muy sagaz¨. Haciendo esa advertencia a Enrique Jiménez Moya y Delio Gómez Ochoa, jefe militar de las Expediciones de Junio del 1959, el primero,y Comandante de la Revolución cubana y asesor de las expediciones el segundo. Cuando Perón se ausentó del país en los últimos días de enero de 1961 y fue a despedirse del Caudillo de San Cristóbal, a quien agradecía y admiraba, le dijo General, ha llegado el momento de resignar el mando. Usted está enfrentando a enemigos muy poderosos. Trujillo seriamente le respondió a mi no me verán como a usted montado en una motocicleta, paseando en mangas de camisa; a mí hay que matarme aquí. Juan Tomás Díaz y el grupo que se había aglutinado alrededor de él y de su hermano Modesto, que conocían muy bien a Trujillo, estaban convencidos, al igual que Antonio De la Maza, que había sido conquistado por ellos, no a la inversa, como se quiere presentar ahora, que la única salida a esa conspiración era la eliminación física del Dictador.
En el período de tiempo comprendido entre enero, febrero y marzo fueron varios los intentos que el presidente de Estados Unidos John F. Kennedy, con emisarios que se entrevistaron con Trujillo, trató de convencerlo de que abandonara el país, garantizándole, igual que a sus familiares más cercanos, los bienes que poseían y la oportunidad de trasladarse a territorio estadounidense con garantías plenas del gobierno y el trato respetuoso que habían rehusado conceder a Marcos Pérez Jiménez, a Gustavo Rojas Pinilla y a quien les había servido incondicionalmente, Fulgencio Batista. A mediado de febrero de ese año, y aparece en los diarios de entonces, Joaquín Balaguer pronunció en el estadio Quisqueya el dramático discurso en que dijo que a Trujillo sus enemigos no lo verán prófugo como Batista, ni sentado en el banquillo de los acusados como Rojas Pinilla, ni exiliado como Pérez Jiménez, a Trujillo lo verán muerto pero por la fuerza del rayo ígneo que baja de las alturas¨.
Es preocupante para el autor de esta columna escuchar y leer en estos días en los medios de comunicación tantas falsedades, mentiras y disparates acerca de este episodio de tanta importancia. No engañen tanto a un pueblo que merece respeto.

