Opinión

CRÓNICA DEL PRESENTE

CRÓNICA DEL PRESENTE

Después del 20 de diciembre de 1955, día en que fue inaugurada La Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre, gigantesca exposición nacional que el régimen de Trujillo organizó, después de haber firmado el dictador El Concordato, en el Vaticano, acuerdo que fue suscrito en 1954 y que, según confesó más tarde, en círculos muy íntimos el mismo Trujillo, la exposición era un consejo que le había ofrecido el Papa Pío XII en respuesta a la queja que Trujillo le había expresado en el sentido de que sus adversarios, particularmente los que residían en el exterior, no querían reconocer los avances que en el orden económico, agrícola, industrial y de otra naturaleza, había logrado el pueblo dominicano bajo su férreo y largo mandato. La Feria de La Paz se convirtió en  barril sin fondo, en términos de dinero, y, aunque nunca se hizo pública la suma invertida, se comentó que rondaba los 35 millones de pesos de esa época, cuando la moneda dominicana estaba a la par o algo más del valor del dólar.

Después de la inauguración se inició el ocaso de la dictadura trujillista e inmediatamente después, en marzo de 1956, se produjo el secuestro en Nueva York de Jesús de Galíndez, episodio que en términos históricos y políticos era un atrevimiento y desafío de Trujillo a los Estados Unidos, porque Galíndez, exiliado español, que había sido secretario del dictador, era catedrático de la Universidad de Columbia, de la que había sido presidente el general Eisenhower, en ese momento presidente de la poderosa nación del Norte. Jesús de Galíndez, además, era confidente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de los Estados Unidos, e informante también del Buró Federal de Investigaciones (FBI). El secuestro y muerte de Galíndez abrió un sendero de sangre que se llevó al piloto que lo trasladó en avión a territorio dominicano, joven estadounidense llamado Gerald Lester Murphy, de 22 años,  y al médico que le acompañaba,  Miguel Rivera; crímenes al que siguieron los del capitán piloto Octavio de la Maza, el teniente coronel Cobian Parra y la señora Ana Gloria Viera, cómplice del secuestro.

 Otras muertes ocasionó el instinto asesino de Trujillo que, para esa época, al parecer, había comenzado a perder el sentido de la prudencia que en sus reacciones siniestras le había acompañado durante más de 25 años al frente de los destinos del pueblo dominicano. El derrocamiento de tres dictadores hispanoamericanos con profundos matices de diferencias como Juan Domingo Perón, argentino; Gustavo Rojas Pinilla, colombiano; y Marcos Pérez Jiménez, venezolano; provocaron un reordenamiento político en esta parte hispanoamericana del Caribe y de Suramérica, aunque el hecho político de mayor trascendencia se vino a producir el 1 de enero de 1959, cuando el movimiento guerrillero encabezado por  Fidel Castro Ruz, en Cuba, derrocó el gobierno dictatorial, criminal, represivo, profundamente corrompido y amanuense y servidor de los intereses del gobierno estadounidense y particularmente del grupo más influyente en la vida del gangsterismo de ese país. Continuaremos…

El Nacional

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