Opinión

CRÓNICA DEL PRESENTE

CRÓNICA DEL PRESENTE

La oficina de abogados de Rafael Augusto Sánchez Ravelo estaba ubicada en la casa número 47 de la calle Sánchez, de la ciudad capital. En esa casa había vivido la familia Sánchez-Sanlley y en ella, al parecer, habían nacido todos sus hijos. El local había sido acomodado, años después, para el establecimiento de la oficina, y cuando el autor de la columna llegó a ella por primera vez, en el mes de septiembre de 1954, todavía la capital de la República, llamada Ciudad Trujillo, era una ciudad pueblerina. Para esa época tal vez tenía 300 mil habitantes y al frente de la misma estaba una oficina del Monte de Piedad y el domicilio de una Orden religiosa, que eran las monjas que manejaban y administraban el hospital Padre Billini. Para ese momento la oficina de Rafael Augusto, como era conocida, se había convertido en el punto de reunión de un grupo integrado por cinco o seis personas con matices admirables y excepcionales de conspiradores antitrujillistas.

En el pequeño escritorio que el autor de esta columna utilizaba, en el amplio espacio dedicado a la sala de recibo y a la biblioteca del bufete veíamos entrar a todas las personas que visitaban el lugar. Poco tiempo después con la curiosidad y la inquietud de un joven de dieciocho años, habíamos aprendido a conocer al grupo asiduo y permanente al bufete que se trasladaba inmediatamente a la última de las oficinas instalada allí, que era la que estaba asignada a Rafael Augusto Sánchez hijo, alias Papito. El primero que llegaba, aproximadamente a las 11:00 a.m., era un hombre alto, corpulento, blanco con los ojos azules, que se llamaba Rafael Ramón Ellis Sánchez, alias Pupito, sobrino e hijo de crianza de Rafael Augusto; luego llegaba José Aníbal Sánchez Fernández e inmediatamente después Rafael Estrada Santamaría, Manuel González González, alias el Gallego, e inmediatamente después, no de manera permanente y diaria, llegaban Víctor Villegas, ocasionalmente Rafael Astacio y de vez en cuando un joven alto llamado José Daniel Ariza Cabral.

Un día Pupito Ellis Sánchez, parándose frente a nuestro escritorio, nos preguntó que cuál era mi nombre completo y al decirle que nos llamábamos Euclides Gutiérrez Félix preguntó: “¿Tú eres hijo de Euclides Gutiérrez, que era capitán del Ejército?” y al responderle afirmativamente nos dijo: “conocí a tu papá hace muchos años porque él era un oficial del Ejército con mucha autoridad, protegido de Negro Trujillo y de Fernando Sánchez, que era jefe del Ejército. Tengo entendido que está en Montecristi trabajando en la Grenada Company porque Negro Trujillo lo mandó a ese lugar protegiéndolo del encono que Trujillo tenía contra él. Tú eres primo de Mercedes Luisa, la esposa de Luisito del Castillo, que es familiar de nosotros porque mi tío Rafael Augusto lo ha protegido siempre.” Continuaremos…

El Nacional

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