Opinión

CRÓNICA DEL PRESENTE

CRÓNICA DEL PRESENTE

¿Hacia dónde vamos?

Desde el momento histórico en que fue anunciado al mundo el nacimiento de la República Dominicana, el 27 de febrero de 1844, distinción que correspondió a Francisco del Rosario Sánchez con apenas 27 años de edad, cuando enarboló, en el Baluarte de El Conde, la bandera tricolor invocando el lema de Dios, Patria y Libertad, comenzó a desarrollarse un proceso de movilización social que dieciséis años después, hacia mediados de 1860, habitaban en el territorio dominicano, aproximadamente doscientos cincuenta mil personas, que resumían en términos sociales un número reducido de habitantes urbanos y tal vez, ciento cincuenta o hasta ciento ochenta mil, pobladores rurales, campesinos, monteros, dueños de pequeños conucos, que en la clasificación social no eran ni obreros, ni artesanos, y mucho menos  trabajadores o empleados asalariados.

 En esa amalgama con la movilidad que representó doce años de guerra contra Haití y a partir de 1863, dos años de guerra contra España, la mayoría de los adultos dominicanos, de dieciocho años hacia arriba, habían sido soldados investidos de rangos de oficiales subalternos y superiores que iban desde capitanes hasta generales.

Juan Bosch, el Gran Maestro, inolvidable, con certero criterio pedagógico, lo describe en “Composición Social Dominicana”.

Ciento cincuenta años después, en los momentos históricos que vivimos, esa sociedad de pequeños burgueses urbanos, altos, medianos y pobres, empujados por una baja pequeña burguesía muy pobre, ha terminado convirtiéndose en parte importante de ella, en un pueblo díscolo, agresivo, indolente, irrespetuoso, que corre como río avasallador, sin respetar nada.

Esa realidad histórica y social es la que explica el comunicado publicado el pasado lunes 13 de julio, en diferentes medios de comunicación, bajo el pomposo titulo de “LLamado a la Nación frente a las denuncias de corrupción”.

Ese documento es la manifestación más palpable de cómo piensa y actúa esa pequeña burguesía urbana, díscola, oportunista y aventurera. Según la crónica que reseña el periódico Diario Libre, ese documento está apoyado en treinta y cuatro organizaciones empresariales, entre las cuales es necesario señalar “Colectiva Mujer y Salud, Dominicanos por la Integridad, FENACERD, Fundecon, INDAJOVEN, La Lucha, Participación Ciudadana, Pro-Bien, PROJuventud, Sociedad de Desarrollo para la Comunidad de Gualey, SODECOGUA, y Unión de Vecinos Activos, Inc., UVA”.

Debemos preguntar ¿Representan esas entelequias las fuerzas productivas agrarias, campesinas, artesanales, profesionales, comerciales e industriales? ¡Qué risa nos da! ¿Hacia dónde va la sociedad dominicana?

La anarquía, el oportunismo y la falta de sentido común, en todas las manifestaciones de la vida, particularmente en las actividades políticas, obligan a los pueblos, sobre todo subdesarrollados, a pagar precios muy altos.

Una conducta permanente como las manifestaciones que hemos señalado, terminará disolviendo la República de febrero de 1844, que ha hecho realidad, imperfecta, nuestro pueblo en el largo camino de heroísmo, dolor y vicisitudes, que hemos recorrido por espacio de 165 años.

El Nacional

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