Opinión

CRÓNICA DEL PRESENTE

CRÓNICA DEL PRESENTE

Por Venezuela y Nicaragua

Hay una cantidad de ilusos en nuestro país, en otros de América y no sabemos si en Europa, Asia y África, que embriagados de buena fe aplaudieron y celebraron la llegada a la Presidencia de los Estados Unidos del señor Barak Obama. En la República Dominicana, democracia racial, la primera de América y del mundo, en la cual tal vez el 80% de sus ciudadanos ancianos, ancianas, mujeres  y hombres adultos, mujeres y hombres maduros, adolescentes, niñas y niños, somos mulatos, había que oir en los medios de comunicación a los llamados “interactivos” y en las colaboraciones profesionales o no, en los medios de comunicación escritos, la esperanza, la alegría de que un mulato estadounidense, híbrido raro, hijo de padre africano y madre estadounidense, ganara las elecciones y asumiera la Presidencia de la nación más poderosa del mundo.

El presidente Obama, indiscutiblemente un hombre de buenas intenciones, culto, que se expresa y se comunica correctamente, aunque muchos lo duden y no lo crean, es un hombre del sistema, y llegó a la jefatura política de su país en el momento en que esa comunidad, poderosamente rica, tecnológicamente desarrollada, con una experiencia en términos de su clase obrera, que no la tienen otros países del mundo, a excepción tal vez de Alemania, Inglaterra y Francia, atravesaba en ese momento el más grave proceso de crisis económica del sector financiero. Y esa realidad o ese episodio hay que aclararlo para que las confusiones no continúen. Estados Unidos de América sigue siendo la nación más rica, más productiva, con las Fuerzas Armadas más modernas y extraordinario entrenamiento, del mundo. Y el Presidente Obama, lleno de buenas intenciones, no podrá realizar una gestión gubernamental en contra de los intereses tradicionales de los Estados Unidos de América.

Ahora, las instituciones militares y de inteligencia política de ese país han llegado a acuerdos con el gobierno actual de Colombia para establecer en el territorio de esa nación un complejo de bases militares, que, supuestamente, tienen como misión combatir el narcotráfico. Y todo el mundo, en esta “América nuestra”, como dijo José Martí, sabe que esa decisión anunciada públicamente no se compadece con la verdad. Fueron esos sectores militares y  organismos de seguridad de los Estados Unidos los que auspiciaron y aceptaron el golpe de Estado contra el Presidente Zelaya de Honduras, que en la realidad de los hechos era el eslabón más débil del Frente en nacimiento en el escenario hispanoamericano que persigue defender la soberanía y el derecho a la autodeterminación de nuestros pueblos.

Las bases de Colombia están dirigidas, en principio, particularmente contra Venezuela y Nicaragua. Y persiguen limitar el ejercicio pleno de soberanía y solidaridad de las naciones organizadas en el ALCA, y en el futuro, como en el caso de Irak, apoderarse de la riqueza petrolera de la patria de Simón Bolívar. Que los proyectistas de esa maniobra y de esa conspiración no jueguen a la inteligencia con los hispanoamericanos, y particularmente con aquéllos que por experiencia sabemos cómo actúa lo que Juan Bosch, el gran Maestro político dominicano y de América, hace muchos años llamó “Pentagonismo: fase superior del capitalismo”.

El Nacional

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