En nuestra columna anterior hacíamos referencia a la conversación sostenida con Trujillo en los meses finales de su vida, detalles de ella que nunca habíamos revelado públicamente. Hay algunos comentaristas actuales en la radio y televisión que conocían de esa conversación y cuando nos habían interrogado en relación con la misma les habíamos condicionado que no hicieran público algunas de las cosas que les dije, porque los detalles correspondían a unas memorias que debemos publicar y que nos fueron recomendadas por Juan Bosch, nuestro líder y maestro, a quien nunca podremos olvidar como orientador determinante en el sendero de nuestra vida política. A Trujillo le reiteramos las declaraciones que habíamos hecho saludando las sentencias dictadas por la Cámara Civil y Comercial del Juzgado de Primera Instancia, en relación con los divorcios acogidos de matrimonios concertados bajo los lineamientos del Concordato de 1954.
Sin temor, pero con el respeto que el personaje nos inspiraba, porque nunca subestimamos la inteligencia y sagacidad de Trujillo, reiteramos que las sentencias que aceptaban el divorcio por incompatibilidad de caracteres de matrimonios regidos por el Concordato, eran sentencias desde el punto de vista humano, social y moral correctas, porque era imposible mantener unidos por un vínculo legal y religioso a un hombre y una mujer cuyo matrimonio había fracasado y habían terminado convirtiéndose en enemigos irreconciliables bajo un mismo techo. Que una situación de esa naturaleza auspiciaba el irrespeto, discusión y violencia, que podía llegar hasta el homicidio. Trujillo guardó silencio un momento y nos dijo:
Bueno, lo que tú dices es cierto, pero la responsabilidad de que esa verdad no se tomara en cuenta es una responsabilidad de Chilo (se refería a Manuel Arturo Peña Batlle), y de Balaguer (el licenciado Joaquín Balaguer), abogados y maestros de mucha experiencia. La respuesta de Trujillo nos sorprendió porque no esperábamos que la responsabilidad de la aceptación y firma del Concordato él la compartiera con otras personas. Consciente de la naturaleza del personaje con el cual conversábamos, respondimos: Con el respeto que debo tener a su opinión, Chilo no tengo la seguridad de que haya subido nunca a un estrado en el ejercicio profesional como abogado, su papá Buenaventura Peña, usted lo sabe sí era abogado, y Balaguer nunca ha ejercido esa profesión. Trujillo se sonrió y nos preguntó ¿Tampoco son maestros? y le respondimos No señor, con todo el respeto debo decirle que Chilo y Balaguer han sido solamente profesores universitarios, mirando a Fortunato Trujillo dijo: Tú ves, Fortunato, él es contestatario.
Quedamos sorprendidos, porque nunca habíamos escuchado e ignorábamos el significado y lo que quería decir el calificativo de contestatario.

