Opinión

CRONICA DEL PRESENTE

CRONICA DEL PRESENTE

En nuestra columna anterior recordábamos que la oficina de abogados de Rafael Augusto Sánchez Ravelo, situada en el número 47 de la calle Sánchez, de esta ciudad de Santo Domingo, para finales del año de 1955, cuando teníamos en ella más de un año laborando como secretario, se había convertido en un centro activo y permanente de conspiración antitrujillista; y en la medida en que nos fuimos integrando, como una expresión propia de nuestra juventud, con lazos estrechos de familiaridad con los integrantes de la misma, comenzamos a percibir o más bien a detectar la profundidad y la temeridad de ese grupo que se reunía en la oficina de Papito Sánchez, porque nunca vimos a Homero Hernández Almánzar en los coloquios y conversaciones temerarias de los que allí se juntaban. Para fines del año de 1955, antes de la inauguración de la Feria de la Paz, teníamos una idea de lo que realmente sucedía.

En tres oportunidades, con documentos profesionales que Homero Hernández debía firmar, visitamos su casa en la calle Josefa Perdomo casi esquina García Godoy y dos veces, en esas visitas, nos dimos cuenta que además de Pupito Ellis Sánchez, su cuñado, en la casa de Homero estaba Juan Tomás Díaz acompañado, al parecer, de su esposa Cristina Díaz, alias Chana. Esa casa de Homero en la Josefa Perdomo estaba exactamente al frente de la de Pupito Ellis Sánchez y para ese momento Juan Tomás, Homero y Pupito conspiraban para aglutinar un grupo que asumiera la responsabilidad de ajusticiar a Trujillo. Este testimonio del autor de esta columna lo ofrece en detalles, por primera vez, porque no hay nadie, vivo o muerto, que tenga autoridad para desmentirlo, aun aquellos mitómanos y megalómanos, convertidos en antitrujillistas después del 30 de mayo de 1961, que han sacado tanto provecho de la mentira.

Homero Hernández Almánzar a quien luego se sumó su cuñado Pupito Ellis Sánchez fueron los que convencieron a Juan Tomás Díaz y  más luego a su hermano Modesto Díaz, mucho antes del secuestro de Jesús de Galíndez, de su muerte y la de Gerald Murphy, piloto del avión que trasladó a Galíndez desde Estados Unidos a nuestro país, y de la muerte de Tavito de la Maza. Más lejos aún: Juan Tomás, Homero y Pupito, hicieron saber a Rafael Augusto Sánchez Ravelo que estaban dispuestos a matar a Trujillo y que él sería la persona que llevarían a la Presidencia de la República después del ajusticiamiento. Rafael Augusto, que era hombre de gran valor cívico, honesto, coherente y responsable, rechazó esa proposición y advirtió diciéndoles a los que la ofrecieron que “hagan lo que ustedes crean conveniente, porque bajo ningún concepto lo aceptaría”.

Estamos haciendo público este testimonio porque están vivos muchos descendientes de estos personajes y de otros que se incorporaron después en persecución de máritos, a la conspiración que culminó el 30 de mayo de 1961, que están invitados a señalar y hablar con seriedad si estamos equivocados o mintiendo como otros que han mentido, mienten y seguirán mintiendo, presentándose como participantes o enterados de este episodio de extraordinaria importancia en la historia del pueblo dominicano. Continuaremos…

El Nacional

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