El martes 25 del pasado mes de septiembre se conmemoró el cuadragésimo noveno aniversario del derrocamiento del Gobierno Constitucional de la República, encabezado por el profesor Juan Bosch, quien había ganado el 20 de diciembre de 1962 las primeras elecciones realizadas después del ajusticiamiento de Rafael Trujillo Molina con una votación a su favor del 60% de los votos depositados en las urnas. El autor de esta columna, con más de veinte años de edad en aquel entonces, y en el ejercicio de la profesión de abogado, desde hacía tiempo, que se sumó al ejercicio pedagógico o magisterial, así como a las actividades de periodista, llamadas hoy con el calificativo risible y ridículo de comunicador social, que le permitieron ser testigo de los acontecimientos de aquellos dramáticos momentos, sino de primera fila, muy cerca de ellos.
En los comentarios de radio y televisión, en los cuales juega papel de primera importancia la caballería mediática de mentirosos, calumniadores, difamadores y asesinos de reputaciones, las cosas y los disparates que escucharon los oídos del autor de esta columna, realmente nos preocupa y mortifica. Esta gama, femenina y masculina, de oportunistas, analfabetos e ignorantes, siguen confundiendo y engañando al pueblo dominicano, que en esa profunda inversión de valores que le ha tocado vivir ha terminado tocando fondo sin que, al parecer, sea posible rescatarlo, alfabetizarlo, en su mayor parte correctamente, y conducirlo, a partir de entonces, por el camino correcto que le corresponde recorrer como dueño y soberano de su destino.
Como es posible que afirmen con una autoridad, al parecer, incuestionable que al gobierno de Juan Bosch, el 25 de septiembre de 1963, lo derrocaron los remanentes de la dictadura de Rafael Trujillo Molina. Ese gobierno patriótico, representativo, democrático y honesto, fue sacado del poder por una acción organizada, financiada y apoyada por el gobierno de los Estados Unidos, en la cual estuvieron como cómplices el sector mayoritario de la oligarquía, políticamente muy atrasada de nuestro país, la totalidad y sino la mayoría de la alta jerarquía de la Iglesia Católica, y un pequeño grupo de soldados profesionales que traicionaron e irrespetaron la voluntad mayoritaria del pueblo dominicano. Entre los objetivos más importantes de esa acción estaban sustraer, robarse y apoderase, de la gigantesca fortuna, valorada en más de 300 millones de dólares de esa época, que Trujillo había acumulado a expensas del trabajo y el sacrificio del pueblo.
No sigan inventando y hablando tantas mentiras para mantener confundido a nuestro pueblo, que ha sido, por su conducta y su valor, objeto de la admiración de otros pueblos de América y del mundo, por el esfuerzo de sus luchas y el sacrificio de sus mejores hijos. Queremos reiterar lo que Fidel Castro ha dicho al referirse a los dominicanos: Pueblo legendario, veterano de la historia y David del Caribe.

